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Jesús, ¿qué tal estás?, ¿qué necesitas de mí? Llegó la hora. Quisiera aprovechar este tiempo que queda, estar consciente. Llega el dolor. He pasado mucho tiempo tan bien... Quiero vivir contigo este momento.Han venido ahora a extraerme sangre. ¡Jesús, qué bueno es tener fe! Estoy tranquila. Sé que mi enfermedad y mi dolor pueden ser válidos. Me alentará pensar: por mi hijo, para que despierte a ti, por mis hijas, mi familia, por las misiones (la misión de María), para que tu Palabra profundice en los corazones de los hombres. Para que haya paz. Por Pepita, por todos los que conozco. Señor, me haré uno contigo en tu Cruz. No voy a tener otra compañía. Mañana despertaré con dolor llena de tubos, en la UVI, y no podré ver a los míos hasta el día siguiente. Sólo te tendré a Ti. Si estoy llena será más leve, será fructífero. Por ellos. Toma Tú las riendas de mi vida. Sé que quieres regalarme mucho, aunque venga en un envoltorio poco apetecible. Creo que viviré para contarlo, si no, te doy gracias por la paciencia tan grande que has tenido conmigo y por tu misericordia, porque me has dado la oportunidad de nacer a una vida nueva. Y perdóname por cuanto te ofendí. Tú me quieres viva, renovada, que conozca lo esencial. Dame fuerza, dame luz. Que permanezca en Ti, para tener la fuerza y el amor que necesito estos días. Madre, ampárame, ayúdame. Paulina Caballero Huertas |