RetrocesoA&ONº 278/25-X-2001SumarioAqui y ahoraContinuar
Ver, oír... y contarlo
La religión... de moda
José Francisco Serrano
pserrano@planalfa.es

El más clásico manual de redacción periodística que se estudia en España recoge, a las puertas del denominado estilo de solicitación de opinión, el siguiente texto: "Graham Greene, que conoció desde dentro el oficio periodístico, pone en boca de uno de sus personajes —corresponsal de guerra en Indochina, todavía bajo los franceses— estas palabras que resumen de modo gráfico y caricaturesco la distancia psicológica entre dos modos de realizar periodismo: Quizá por eso los hombres inventaron a Dios: un ser capaz de comprender. Quizá, si quisiera ser comprendido o comprender, me atontaría hasta tener una religión. Pero soy un reportero, y Dios sólo existe para los que escriben editoriales". Durante estos días se ha creado la nueva ciencia de la teodicea periodística. El nombre de Dios aparece por activa y por pasiva en los titulares y en las columnas de opinión. La religión, Malraux en el horizonte, ha sentado plaza en el temario público, con más pasión que razón.

En el diario La Vanguardia, el pasado día 21, Carlos Nadal escribía, en un artículo titulado La desconcertante nueva normalidad: "Y la verdad es que tanto la dimensión horrible del atentado como el desarrollo del castigo militar van agotando la capacidad de los espacios informativos audiovisuales y de la prensa escrita, para intentar exponer la magnitud de lo que está ocurriendo, sus causas y efectos. Se ha dicho todo y más sobre si es adecuado interpretar lo ocurrido desde su ángulo político estratégico, o como un giro de 180 grados respecto a la cómoda costumbre en que nos habían situado el fin de la guerra fría y el llamado mundo unipolar. El amplio arco de explicaciones va desde el rastreo de motivos y culpas históricos, hasta la aparición en el ciclo de la modernidad de signos apocalípticos, comienzo o fin de era; más que un trastorno de grandes dimensiones, la alteración completa de los conceptos para medirlo y hacer previsiones sobre sus consecuencias futuras".

También nos sirve este ejemplo del ya citado diario catalán, publicado al día siguiente y firmado por Lorenzo Gomis sobre las profecías de Huntington: "Por lo que hace a los laicistas, también se han puesto a hablar de Dios. Propugnan una solución que consideran sencilla: el anticlericalismo. Parecía una receta del siglo XIX, cuando había clericalismo, es decir, había mucho clero y se le veía influyente en asuntos políticos. El anticlericalismo del siglo XXI refleja más bien la irritación porque se hable de Dios y se le invoque. Mientras que los creyentes vuelven a la imagen de Dios en sus fuentes: el defensor del pobre y del oprimido, de los huérfanos y las viudas. Hoy, de las multitudes pobres y oprimidas. Dicho por Huntington: La renovación de la religión por todo el mundo trasciende con mucho las actividades de los fundamentalistas radicales. ¿Será verdad?"

Éste es un tiempo esencial, en el que se buscan hombres esenciales. Los pesos pesados del pensamiento, al menos del pensamiento que se manifiesta en los medios de comunicación. En el diario El País, del pasado jueves, Ralf Dahrendorf y Anthony Giddens debatieron sobre las consecuencias de la guerra mundial contra el terrorismo. A la pregunta de Antonio Polito sobre si hay choque de civilizaciones, contestaron los próceres de la sociología contemporánea: "Giddens: No. El conflicto en curso no lo es. Cuando Huntington utilizó este término, quizá no se dio cuenta de cuánto espacio dejaba a su disfrute cínico. Entre los así llamados valores de Occidente debemos, antes que nada, introducir éste: vigilancia contra el riesgo de que la profecía de Huntington se realice. Para mí, el fundamentalismo no es sólo religioso. No es aquello en lo que crees, sino lo que piensas de los otros que no creen en las mismas cosas. En cambio, los que estamos en la izquierda liberal combatimos por un mundo cosmopolita, que no quiere decir multicultural, sino que reconoce estándares éticos universales y garantiza la práctica democrática dentro de cualquier cultura o grupo que pueda existir.

Dahrendorf: Estamos de acuerdo. Están en cuestión credos o sistemas ideológicos que parecen atraer en particular a los que se sienten en desventaja y echan la culpa a otros de su desesperación. Pero yo querría dar la vuelta a los términos. No es el Islam el que produce el terrorismo, es la necesidad del terrorismo la que se acoge a ciertas versiones del Islam. La respuesta debe ser ese tipo de liberalismo secular y tolerante que ha descrito Giddens".

José Antonio Marina, en el suplemento El Cultural, del miércoles día 17, en un ensayo titulado Mar de fondo, señalaba: "Acabo de escribir un libro sobre Dios y las religiones. Los acontecimientos que comento han puesto sangrientamente de manifiesto la actualidad del tema. En Europa tenemos la idea de que la religión anda de capa caída, cuando lo cierto es que su importancia social crece en el mundo. Peter Berger, un importante sociólogo americano, afirma que el agnosticismo es un fenómeno exclusivamente europeo. Estados Unidos, en cambio, continúa siendo un país muy religioso. No me extraña que Harold Bloom, ya saben, el erudito autor de El canon occidental, insista en la necesidad de escribir crítica religiosa, además de crítica artística. Lo ha intentado en un interesante libro titulado La religión en Estados Unidos".

Santo Tomás de Aquino, fiel dilucidador de pensamientos sobre Dios y sobre los hombres en la propedéutica racional, ya nos advirtió:"Una vez conocida la existencia de algo, hay que averiguar cómo es para llegar a saber qué es. Pero como de Dios no podemos saber lo que es, tampoco podemos tratar de cómo es, sino más bien de cómo no es".