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Desde 1986, hasta su conversión a la Iglesia católica en 1999, Linda Poindexter fue sacerdotisa episcopaliana. Será una de las principales conferenciantes en el Congreso Camino a Roma. Su esposo, el contraalmirante John Poindexter, ocupó el cargo de Consejero de Seguridad Nacional, durante la Presidencia de Ronald Reagan. Tienen cinco hijos, todos casados, y esperan su decimotercer nieto. Dos semanas después de esta entrevista, el almirante Poindexter se hizo católico. Así respondió Linda:Antes de ser católica, usted pertenecía a la Iglesia de los Discípulos de Cristo, y a los veinte años se hizo miembro de la Iglesia episcopaliana... Mi marido John había recibido una educación metodista, y por ello, al casarnos en 1958, tras examinar varias Iglesias, nos decidimos muy pronto por la Iglesia episcopaliana, sobre todo por la liturgia. Al casarnos, decidimos a qué iglesia asistir y nos gustó la liturgia. Y aunque en los Discípulos de Cristo, Iglesia muy protestante, la comunión era sin duda alguna un acto simbólico y no un sacramento, a pesar de ello, cada celebración de los Discípulos de Cristo tenía rasgos en común con la Sagrada Comunión, y eso fue moldeando mi formación e ideas. La Divina Providencia la iba preparando... Eso creo. De niña siempre pensé que los católicos tenían las iglesias más hermosas del mundo. Asistir a misa con mis amigos católicos en los años 40 y 50 era muy impresionante, muy conmovedor. Pensaba: "Los jóvenes católicos tienen obligaciones para con su Iglesia". Me parecía muy bien que se les exigiera algo. En mi residencia universitaria teníamos a los católicos como el ejemplo a seguir. Si enumeramos algunas de las cosas que la Providencia pone en tu camino para prepararte para el futuro, una era que en esta iglesia la comunión era frecuente, lo cual te prepara para la Eucaristía desde una temprana edad. La otra era que, en esa misma iglesia, por otra parte tan protestante, había una pequeña capilla llamada la capilla de la Señora, y recuerdo que había delante de ella un retrato de la Virgen María. Alguien la había donado y colocado allí, pero a mí me llamaba la atención. Es una creencia muy extendida entre los protestantes el pensar que los católicos adoran a María, lo cual no es cierto. El hecho de frecuentar una iglesia protestante con una capilla dedicada a la Virgen, me hace pensar en cuántos dones he recibido a lo largo del camino. Es increíble lo que tarda uno en darse cuenta. Me da pena que algunas conversiones supongan un período de problemas para la familia. |
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¿Qué fue lo que hizo que usted se fijara en la Iglesia católica y llegara a la conclusión de que es el lugar en el que Dios quiere que esté?
Existe la tendencia entre los protestantes a tener sus propias ideas, y eso es lo que ha motivado la existencia de tantas confesiones distintas. No existe una idea clara de autoridad. A mí no me costó ningún trabajo aceptar las estructuras de autoridad. Me produce mucha paz el hecho de que, porque creo, no necesito discutir con nadie sobre el tema. Comprendo perfectamente que Dios dotara a la Iglesia de una jerarquía para que la gente pudiera conocerlo y saber lo que tiene que hacer. Por supuesto, Newman lo explica mucho mejor que yo. Cuando comencé a interesarme por la Iglesia católica, lo primero que hice fue comprar el libro Apología del cardenal John Henry Newman. Yo diría que leerlo es parte casi obligada del proceso de conversión de los anglicanos que se hacen católicos. Subrayaría las frases que hablan de la autoridad. Más tarde, estando destinada en una parroquia, me resultaba difícil orar en el mismo lugar en el que trabajaba. Había una iglesia católica a pocos minutos de distancia que solía visitar para recogerme y orar. Me ponía una bufanda para tapar mi alzacuello. Recuerdo sentir un vago deseo, casi un anhelo: "¡Ojalá un día yo pueda ser católica!" Siempre sentí una gran inclinación hacia María. Lo que hice entonces fue adquirir muchos libros, aunque no disponía de mucho tiempo para leerlos, con la intención de organizar un curso sobre la visión episcopaliana de María. Muchos episcopalianos miran con mucho desdén el respeto y la devoción hacia María. Son muchos los que ahora piensan que es lo mismo que tirar el bebé para vaciar la bañera; son ellos los que más han salido perdiendo por no entender y venerar a la madre de Dios. ¿Sería acertado afirmar que a las liturgias protestantes les falta el sentido de misterio que se experimenta en la misa? Creo que, por regla general, es verdad. Pero también la buena liturgia episcopaliana participa en algún grado de dicho sentido del misterio. Por el contrario, algunas liturgias católicas se han hecho un tanto ramplonas. Parece ahora haber una tendencia en la liturgia católica a tratar de recuperar el misterio. Pero aunque carezca de ella, incluso con la liturgia más pedestre, sigue siendo una misa. ¡Estoy convencida que la presencia real de Cristo es tan evidente! Pero no todo el mundo la entiende. Me entristece la indiferencia que hay hacia la presencia real. Si alguien te da un regalo de mucho valor, no lo tiras. Por último, quisiera decir también que no es fácil mantener una esposa y familia y cambiar de estilo de vida. Creo que lo mejor es el celibato sacerdotal. El hecho de haber participado muy activamente en una parroquia hizo que yo comprendiera que es un don. Es muy difícil entregarte en cuerpo y alma a una parroquia y entregarte en cuerpo y alma a tu esposa y a tu familia. Una vez que se contraen los votos matrimoniales se contraen muchas obligaciones. En la Iglesia episcopaliana la gente está demasiado preocupada con los contratos, los beneficios, su tiempo libre y todo lo demás, porque es necesario si se tiene una familia. Al final, tendríamos otra visión de lo que es el Orden sacerdotal. El que alguien tenga el don del celibato y que se distinga de los demás por esa razón le dota de un carácter especial. Volvemos al estupor y al misterio que considero que son parte integrante del mismo. |