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Su fraterna amistad me estimula a vivir y trabajar con alegría
Gracias, gracias por darme siempre una prueba así de confortante". Son palabras de Federico Fellini, el desacralizador Fellini, que así se dirigía, inesperadamente, a un jesuita. Era el 27 de marzo de 1960. La carta llevaba la dirección del padre Nazareno Taddei, quien en la revista Letture acababa de contarlo. Y Avvenire lo ha recogido.
"¡Ah, los jesuitas!", añadía el gran director. Fueron los mismos superiores los que le dieron el encargo de una "lectura, ponderada y objetiva", para su revista mensual. "Volví a ver el film varias veces cuenta. Lo discutí también con el mismo Fellini. Sin embargo, entonces, pedí a los superiores que me dispensaran del encargo del artículo, pero ellos me dieron la orden de santa obediencia, que es la orden más solemne para un jesuita". La dolce vita, según Taddei, trataba el tema de la Gracia: "El film lo explicitaba con las imágenes iniciales (la llegada de la estatua de Cristo en helicóptero) y con las imágenes finales cuando el protagonista, Marcello, casi borracho de cansancio, después de una noche de marcha, se encuentra con un grupo de personas en la orilla del mar, y Paolina, la camarera que había impresionado a Marcello por su gracia inocente, le llama sonriente. Marcello la ve, pero no entiende y se ve arrastrado fuera por una de las mujeres del grupo. Paolina continua sonriendo, como diciendo: ¡Bien, vete, en el próximo cruce me encontrarás otra vez esperándote! La lectura era evidente, pero me parecía difícil añade Taddei que Fellini hubiese querido expresar un tema tan teológico". En los encuentros con Fellini, Taddei no había hablado nunca de Gracia; pero un día, de improviso, le preguntó: "¿Qué es, según tú, la Gracia?" Fellini le respondió de repente: "¿Qué es la Gracia sino esa realidad, como Paolina, que tú no entiendes y la rechazas, pero ella te sonríe y te dice: ¡Bien, vete! Pero me volverás a encontrar siempre esperándote?" Para Taddei se trató de una "respuesta teológicamente perfecta, expresada, sin embargo, con un lenguaje no de tratados teológicos, sino con palabras sencillas". |
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En una carta sucesiva, fechada el 16 de marzo de 1962, Fellini anunciaba que quería saber en qué punto estaba su fe: "Una vez u otra afrontaremos a fondo la cuestión, y tú escribía a Taddei me ayudarás a entender si soy precisamente católico o no". Había habido una misiva precedente de Taddei a Fellini, en la cual (15 de marzo de 1962) el jesuita le decía que no sabía si se hubiese reído o enfadado con la noticia de una curiosa petición: "Me han escrito de Canadá (donde se me dice que debes ir) para saber si tú eres católico, precisando que ser católico significa ir a misa el domingo, y añadiendo que diversos americanos no apreciarán tus films si llegan a saber que no lo eres. ¿Entiendes mi apuro para responder a una pregunta así?" Fellini se declaró entonces disgustado por haber puesto a Taddei en apuros y lanzó la propuesta de la anunciada verificación. Las tres cartas de Fellini, hasta ahora inéditas, habían permanecido sepultadas durante todos estos años entre las tantísimas cartas del archivo del padre Taddei. Sólo ahora, con ocasión de la búsqueda de materiales para un volumen dedicado por el jesuita al gran director, han aparecido y sirven de introducción a Tuttofellini (Ediciones Edav, La Spezia, via XX setembre, 78 Tel. 00 39 0187 778147), una obra ardua, de más de 400 páginas, en las cuales Taddei ha recogido sus escritos y los de sus colaboradores sobre los films y la figura de Federico Fellini, a partir, obviamente, de aquella primera lectura de La dolce vita. "El artista concluye Taddei sobrevive con su maravillosa obra, capaz de dar todavía escalofríos estéticos, pero también hacer pensar en la vida concreta de todos los días iluminada por la verdad". De esa verdad Fellini escribió: "¿Qué es un artista en realidad? No es más que un provinciano que se encuentra entre una realidad física y otra metafísica. Ante una realidad metafísica, todos somos provincianos. ¿Quién es, pues, ciudadano de la trascendencia?... Los santos. A todo período de empedernido materialismo, siempre siguen épocas de espiritualidad. Ahora estamos viviendo como en un túnel oscuro y angustioso, incapaces de comunicar entre nosotros, pero ya parece verse a lo lejos un resplandor, el sentido de una nueva libertad: tenemos que esforzarnos en creer en esta posibilidad de salvación". |