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Escribe Francisco Umbral en su columna de El Mundo, bajo el título Religión y cultura: "Toda religión es un estadio anterior de la Humanidad. Eramos religiosos cuando no podíamos ser otra cosa. Las religiones fueron una especie de saber poético, muy válidas cuando no se sabía nada..." No hay peor cosa para un columnista que llevar años subido en la columna. Umbral los lleva. El último párrafo de la columna a la que me refiero empieza así: "Como hemos dicho..." ¡En plural mayestático!, tal como lo leen, como si fuera un Papa de los de cuando entonces, como él dice. Si alguien, ya miope, se sube a la columna, acaba no viendo las cosas. La religión, estadio anterior... Pero, ¿anterior a qué? Y, ¿cómo es que Umbral dedica sus columnas cada poco a hablar de algo tan anterior? ¿O es que el anterior y superior es él, que, como se ve, sabe tanto de todo? ¿Cómo puede saber tanto de todo sin saber lo más elemental? ¿O lo que es peor sin querer saberlo? Umbral alguna vez se lo dijo Martín Descalzo y se lo dice algún obispo amigo parece ser de los que no tienen más religión que la de sí mismos; y, claro, así "no se puede ser otra cosa".
Este rincón ha recogido más de una vez, y seguirá recogiendo cuando lo merezca, alguno de los chistes que El Roto publica en El País. Hay otros, en cambio, en los que desperdicia su ingenio y su talento. En uno reciente, un niño le pregunta a un cura: "Padre, y ¿en qué se diferencian las buenas acciones de las malas?" Y el cura responde: "En lo que rentan". El Roto intenta hacer una gracieta sobre Gescartera, a sabiendas creo, porque lo considero inteligente de que ni se puede generalizar, ni todo el monte es orégano. Pero, quizás sin darse cuenta, no sabe la verdad tremenda que ha dicho con su coyuntural gracieta, porque, claro, hay otras rentabilidades superiores a la del dinero, que diferencian, a Dios gracias, las buenas de las malas acciones. El País dedica una interesante página al enorme problema del aborto, bajo el título El aborto, entre las menores de 20 años, aumenta el 74% en la última década. Y he aquí que, en el reportaje, se reconoce la preocupación por estos datos que "revelan grandes carencias de información y falta de educación sexual". ¡Ah, sí!? ¿Pero qué me dicen? ¿Pero El País no era el altavoz del Póntelo-Pónselo, de doña Matilde y su mariachi? ¿Ahora le empiezan a ver las orejas al lobo? Son cosas que pasan en una Redacción: acabas de recibir una crónica del corresponsal en Roma, que habla del Sínodo de los Obispos y de cómo se puede resumir en las palabras santidad, comunión, unidad... y, de repente, te llega un despacho de IVICOM (Agencia Española de Noticias de Vida Religiosa) con este título: "Las Siervas del Espíritu Santo y los Misioneros del Verbo Divino se comprometen con una espiritualidad ecofeminista". Sic. Pero, ¿qué les pasa a algunos y algunas? "¡Ojalá hubiese un gran debate serio como La Clave!", dice el presentador de esa cosa televisiva que se titula Moros y cristianos. Eso, eso: ¡ojalá...! ¿Por qué no se pone a ello? Gonzalo de Berceo |