RetrocesoA&ONº 278/25-X-2001SumarioDesde la feContinuar
Cien años de risa inteligente
Sí, porque también hay —por desgracia mucho más de lo soportable— risa tonta, risa mema, risas que no vienen a cuento de nada, risas que sobran y que están de más.

La risa inteligente, fruto del talento artístico, literario y teatral de Enrique Jardiel Poncela, ha tenido durante este año, centenario de su nacimiento, la mejor celebración sobre los escenarios madrileños: la de hacerse gozosamente viva, espontánea y liberadora en medio de tantas realidades como nos abruman y nos hacen sentir ganas de llorar.

Últimamente ha habido dos manifestaciones de esta celebración de este maestro de ida y vuelta, como con sumo acierto le ha definido Gustavo Pérez Puig: su obra Una noche de primavera sin sueño, la primera comedia que Jardiel escribió —y se nota— ha salido a las tablas del Centro Cultural de la Villa en la madrileña Plaza de Colón, de la mano experta de Gerardo Malla, con vistosa escenografía de Gil Parrondo y bien cuidado vestuario de Berta Leone.

Pedro Osinaga y Julia Trujillo derrochan —a pesar de los intentos criminales del terrorismo etarra— profesionalidad y buen hacer al encarnar las paradojas jardielescas del que "odia de corazón", del convencido de que "de casarse a cansarse sólo hay una letra", o del chucho callejero al que, para que se sienta orgulloso, lo llaman setter y le ponen de nombre Kant. Nada tiene de particular que quien escribe para el teatro ¿Es usted la esposa de su marido? considere que "a los muertos, por malos que hayan sido, siempre se los saca a hombros". El eterno Jardiel.

Blanca Marsillach, algo envarada al comienzo en el estreno para un papel burbujeante, va in crescendo hasta el feliz charlestón final. Muy bien también el resto del reparto.

Y en el Teatro Español, donde, tantos meses después del estreno, prosigue el éxito clamoroso de Eloísa está debajo de un almendro, hubo un homenaje especial la noche en que Jardiel hubiera cumplido cien años: Mingote y Lina Morgan, Chicho Ibáñez Serrador y Campmany, Pedro Osinaga y Concha Márquez Piquer, Emma Penella y Manuel Galiana y muchos otros famosos del cine, del teatro, de la radio, como Luis del Olmo, fueron intérpretes improvisados y felices. Y el mundillo del teatro descubrió una estrella: Fernando Suárez. Para que luego digan que la política y el teatro tienen poco que ver...

Miguel Ángel Velasco