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Muchas mentiras y medias verdades, orquestadas desde la Administración norteamericana en complicidad con la CNN y con las grandes agencias de noticias, y reproducidas acríticamente por todo el mundo, hicieron falta para hacer creer que el ejército iraquí era una amenaza para nuestra democracia y nuestra libertad, o para hacer creer que, tras 14 horas de bombardeos, las víctimas efectos colaterales de los misiles inteligentes podían contarse con los dedos de una mano. Pero éstas ya las conocemos; pocas historias de manipulación hay tan documentadas. Lo que, en cambio, nadie sabe, salvo un programa de televisión mexicano, es que, en realidad, Neil Amstrong nunca pisó la luna, que todo fue un montaje cinematográfico de los americanos para fastidiar a los soviéticos... Y sólo unos pocos iluminados saben que Elvis Presley con casi total seguridad no murió, sino que, cansado de la fama, entró a trabajar en una tienda de Fish and chips (pescado y patatas fritas), si es que no ha sido secuestrado ésta era la segunda hipótesis por fans intergalácticos y está actuando en algún planeta lejano: lo publicaba en 1989 el diario británico de mayor tirada, The Sun, y ofrecía una jugosa recompensa a quien aportara pruebas que lo confirmaran. |
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Seguirá habiendo hambre y esclavitud en el mundo, seguirán muriendo asesinados millones de niños no nacidos (interrupciones por lo tanto, reversibles voluntarias del embarazo), pero lo verdaderamente importante será, salvo que haya un bombardeo guerra por la democracia y la libertad de por medio, que un conocido torero se ha casado con una bella modelo, y que, en realidad como se descubrirá unas semanas después, la boda no era más que un montaje para promocionar a la novia, que, por exigencias del contrato con una conocida marca de cosméticos, debía ocupar a toda costa las portadas de las revistas del corazón, que, en lugar de una, tienen ahora dos historias que vender. Según algunas estimaciones, si es que algo así puede realmente cuantificarse, hay cada año en España hasta 40 millones de consultas a curanderos y adivinos. Personas con estudios y sin estudios, habituales de noticieros y de la telebasura buscan en ellos respuestas de vida, que, como buena parte de las que ofrece la cultura mediática, esquivan toda lógica apelando a lo espectacular, lo irracional y lo sentimental.
El profesor López Quintás ofrece, en La manipulación del hombre a través del lenguaje, todo un manual para sobrevivir en este mundo traidor, donde nada es verdad ni es mentira. Porque es ahí donde empieza todo: por la negación de la verdad, o, dicho en otros términos, por el derecho de toda persona a tener su propia verdad, que resulta ser casi siempre la del más fuerte. El manipulador podrá propagar el relativismo, pero, igual que el multimillonario narcotraficante, no es adicto a la droga que vende. Aparecía así descrito en el día de los Santos Inocentes de 1998 en The Laissez Faire City Times: "Hoy nos dicen los expertos en cultura popular que el bien y el mal no son absolutos, sino abiertos a la interpretación personal Se nos anima a determinarlo por nuestra cuenta. Y no suena descabellado. Sólo hay un problema: si decido por mí mismo lo que está bien para mí, ¿cómo puedes defenderte, si no lo es para ti? ¿Y si decido que tengo el derecho a decidir por ti para aprovecharme de ti? Quiero decir, es algo relativo, ¿no? ¿Y si tú no te das cuenta hasta que ya es demasiado tarde? Por supuesto, ahí está el problema. Si la información significa poder, la desinformación significa el poder absoluto". No es cosa de maquiavélicas teorías de la conspiración. El 90% de las noticias que se publican en todo el mundo proceden de tan sólo 4 agencias de noticias, y la concentración en la industria audiovisual sigue un camino parecido. Nada fácil es seguir el rastro de la estructura de propiedad de esos gigantes mediáticos, donde, empresas que parecen competencia, resultan tener los mismos dueños. Lo que sí se admite es que, grosso modo, quienes las controlan son un puñado de entidades financieras; en otras palabras: las mismas que controlan realmente la economía mundial, unos pocos bancos y compañías de seguros que administran los ahorros e inversiones de millones de ciudadanos (en España, la suma de los recursos de los dos principales bancos privados, incluyendo el valor de las acciones que poseen, supone un 140% del PIB español). Y, ante ese poder, que mueve el dinero a sus anchas, y cuenta con el respaldo de la industria mediática y audiovisual, poco pueden hacer los Gobiernos. Meses después de abandonar la presidencia, el ex-Presidente Felipe González reconocía en México la impotencia del gobernante al hablar de la mundialización actual, caracterizada no por un aumento significativo del comercio mundial, sino del capital especulativo: "Del dinero que busca dinero y, sobre todo, dinero caliente, circulan entre 1,3 y 1,4 billones de dólares cada día por los mercados de cambio. Un país como España tiene 60.000 millones de dólares de reserva en divisas para defender su moneda frente a algún movimiento especulativo. Si la cola de ese potente huracán que circula cada día, veinticuatro horas al día, por los mercados de cambio, pasara un día por mi país, sólo rozarlo significaría la liquidación de nuestras reservas de divisas en media hora de entretenimiento. Tenemos que acostumbrarnos los políticos a gobernar capital humano, porque el capital sin más lo gobiernan otros". |
| ANTONIO GRAMSCI: AL SERVICIO SECRETO DEL CAPITALISMO
Bien entendió la complementariedad entre poder mediático y poder político y económico Antonio Gramsci, fundador del Partido Comunista Italiano, del periódico LOrdine nuovo y, como Marx, uno de los grandes teóricos de las ciencias sociales. Quienes pensaban que la revolución en los países industrializados iba a ser cosa de dos días se equivocaban. El capitalismo era capaz de superar las crisis más adversas, y aun de salir con su consenso social reforzado de ellas. Por tanto, no eran las fábricas los campos de batalla más adecuados, sino los centros de enseñanza y los medios de comunicación de masas. Nadie tomaría el poder por la fuerza. Las masas, sumidas en el caos y la anarquía, caerían rendidas al Partido. El primer paso sería aniquilar el sistema de valores morales y de creencias y las instituciones. Los ataques contra la familia y el matrimonio eran constantes. Se predicaba la promiscuidad y, frente al héroe tradicional, a los jóvenes se les presentaba como modelos a antihéroes, personajes deliberadamente degenerados. La Iglesia era continuamente ridiculizada y presentada como anacrónica, y los sacerdotes y religiosas, como hipócritas, como seres viles que, en el fondo de su ser, escondían innobles intenciones de control de las mentes y de los dineros de los pobres confiados. Incluso pertenece a la estrategia gramsciana la sustitución de la palabra adiós por los laicos salud o hasta luego... Pero no todo era malo en la Iglesia. Igual que, a diferencia de los marxistas de la primera hornada, Gramsci defendía una amplia alianza con todas las fuerzas de izquierda, los sectores liberales de la Iglesia podrían ser de utilidad, para, desde dentro, convertirla en una especie de club político, sólo preocupado por la justicia social y por el igualitarismo, y donde el culto quedara reducido a mero entretenimiento. |
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Los revolucionarios atacarían frontalmente cualquier concepto de autoridad y de magisterio: el paterno, incitando al sexo libre; el de los maestros, promoviendo el colectivismo en las escuelas y universidades y rebajando la calidad de los programas de estudio; el de los intelectuales, suplantándolos por líderes de opinión de toda condición y procedencia... Pero quizá la gran virtud de esta estrategia era que se cerraba sobre sí misma, vacunándose contra toda posible crítica. La bandera de la libertad y de la justicia social ondearía bien alta, amparando a las víctimas de la hegemonía cultural de las sociedades capitalistas: la mujer, los homosexuales, las minorías... A quien osara protestar, se le tacharía de intolerante y reaccionario: a quien, en definitiva, cuestionara el principio democrático de que lo mismo vale una opinión que otra, quien protestara, por ejemplo, porque un actor, un biólogo o un periodista pudieran sentar cátedra en cuestiones de ética. He aquí el origen de lo políticamente correcto.
Herederos del gramscismo son los teóricos de la Escuela de Frankfort, muchos de los cuales, con la llegada de Hitler al poder, se exiliaron en los Estados Unidos y fundaron un nuevo instituto en la Universidad de Columbia. Y juraron lealtad al país que les acogía, como tantos otros científicos que huyeron de la guerra y de la posguerra europeas en los años de Roosevelt y Truman. Herbert Marcuse, representante destacado de esta corriente de pensamiento, decía durante los tumultos estudiantiles de los 60: "Se puede hablar con propiedad de una revolución cultural, ya que la protesta está dirigida contra todo el establishment cultural, incluida la moral de la sociedad existente. La idea tradicional de revolución y la estrategia revolucionaria tradicional han dejado de existir. Esas ideas están anticuadas". Pero, para entonces, el capitalismo ya había hecho suyos la revolución y el conflicto generacional. En los años 20 explica la profesora Ellen Wartella, de la Universidad de Austin (Texas), "la industria de los medios estadounidense y europea convirtió a los escolares de mayor edad en sus niños predilectos", un lucrativo negocio del que se beneficiaban otros muchos sectores empresariales. Era la primera cultura juvenil autónoma separada de la de los padres. Vestían de forma diferente, llevaban peinados diferentes y se les vendía que fumar y bailar jazz toda la noche era sinónimo de juventud. El proceso se detuvo por la guerra y "por el pánico y el rechazo que desató en el público norteamericano". Pero resurge, y con mucha más fuerza, en los cincuenta y sesenta, con los comics y el rocknroll. "Los medios de masas crearon y nutrieron una noción comercializada de la adolescencia. Ayudaron a crear estereotipos en el vestido, en los valores, en el lenguaje y en los comportamientos". Y a la juventud y la adolescencia, siguió la infancia, gracias a que "las familias de clase media han dado a sus hijos un poder adquisitivo sin precedentes": hoy, "los niños de todo el mundo tienen acceso a las tortugas ninja o a los power rangers, que no sólo están estrechamente relacionadas con la industria juguetera, sino que además sirven de reclamo para vender todo tipo de productos tradicionales, desde material escolar hasta los cereales del desayuno. Los medios han originado, con la aquiescencia de los padres, una mercantilización sin precedentes de la vida infantil". |
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DIVIDIR Y VENCER
"La familia dijo un bolchevique es el principal enemigo de la revolución". Y, con la familia, la religión, los valores morales...: todo aquello sin lo cual el hombre no puede echar raíces y desarrollarse plenamente. "Dominar a las personas individualmente dice el profesor López Quintás resulta muy lento y (aunque parezca extraño) es más difícil que sojuzgar a todo un pueblo a la vez. Para conseguirlo, basta reducir a los grupos sociales en meras masas". Pero esto debe hacerse desde dentro, nunca desde fuera: "Una persona creativa funda modos elevados de unidad con otras personas, con instituciones, con el pueblo y el paisaje, con obras culturales, con diversos valores... Estos modos relevantes de unión crean tramas de vida comunitaria y otorgan a ésta tal firmeza que la hacen impermeable al acoso exterior". Por eso, sea cual sea la naturaleza del tirano, recurrirá a la misma estrategia: "desvincular a las personas de cuanto fomenta su poder creador". Y es que, ¿por qué vender un solo balón para que jueguen 30 niños, cuando cada uno de los 30 puede entretenerse con un videojuego? ¿Por qué reunir a los jóvenes en tertulias, cuando, en una discoteca, donde los decibelios impiden toda comunicación, se dedicarán a consumir y a presumir, como en una pasarela, de la ropa de marca que han comprado? ¿Por qué permitir que los adultos se movilicen por las tasas de paro, cuando pueden pasar el tiempo viendo la televisión y culpando a los inmigrantes de sus desgracias? La masa es siempre más rentable que el grupo. "Ahora comprendemos perfectamente por qué la tarea del manipulador es procurar de forma solapada que cada persona no se enamore de los valores, en los que puede participar a una con otras personas, sino de su propia figura, y muera anegado en las aguas al intentar agarrarla y poseerla. Bien dijo Saint-Exupéry que amarse no es mirarse el uno al otro; es mirar juntos en una misma dirección". Ricardo Benjumea |