|
|
|
Yo fui uno de los fundadores de la organización más importante que vendía el aborto al pueblo norteamericano. Nos sirvieron de base dos grandes mentiras, la falsificación de estadísticas y encuestas que decíamos haber hecho, y la elección de una víctima para achacarle el mal de que en Norteamérica no se aprobara el aborto. Esa víctima fue la Iglesia católica. Cuando más tarde los pro-abortistas usaban los mismos eslóganes y argumentos que yo había preparado en 1968, me daba muchísima risa, porque yo había sido uno de sus inventores y sabía muy bien que era mentira.
Falsear las estadísticas. Es una táctica importante. Nosotros decíamos, en 1968, que en América se practicaba un millón de abortos clandestinos, cuando sabíamos que éstos no sobrepasaban los 100.000, pero esta cifra no nos servía y la multiplicamos por diez para llamar la atención. También repetíamos constantemente que las muertes por aborto clandestino se aproximaban a las diez mil, cuando sabíamos que eran doscientas nada más; pero esta cifra resultaba demasiado pequeña para la propaganda. Esta táctica del engaño y de la gran mentira, si se repite mucho, acaba por ser aceptada como verdad. Doctor Berhnard Nathanson |