|
|
|
Y si todo lo que cree saber sobre el sida fuera mentira? es el provocativo título de un libro de Christine Maggiore, en el que pretende desmontar muchas mentiras en torno al sida. Todo empezó, según la autora, por unas investigaciones a cargo del Gobierno estadounidense, que gastaron 20 años y 22 mil millones de dólares en la búsqueda infructuosa de un virus del cáncer que se transmitiera por contacto sexual. En 1984, sin seguir los procedimientos científicos habituales (publicar la investigación para someterla a la crítica), el doctor Robert Gallo anunció que había descubierto "la probable causa del sida": un retrovirus llamado VIH... Sólo que ese virus ya había sido descubierto por el francés Luc Montagnier, que había aislado partículas retrovirales de los nodos linfáticos de enfermos homosexuales sin sida, y que había dicho que "el VIH posiblemente es benigno".
Desde entonces, se le ha dado la definición de sida a las 29 viejas infecciones, aunque las definiciones varían radicalmente en función del país. Y se ha bombardeado a la opinión pública con cifras falsas para crear alarma. Por ejemplo, que 33 millones de personas han muerto en el mundo de sida, cuando, según el Registro Epidemiológico de la OMS, se han diagnosticado 3 millones de casos hasta 1999. África se lleva la mayor parte. En Kenia, se dijo, cada tres minutos muere una persona de sida. Pues bien, esto significaría que, en un año, morirían 175.200 personas, cuando, desde que se conoce la epidemia, se han detectado menos de 75.000 casos (no todos muertes). "Lo cierto" dice la autora es que "el 99% de los africanos no tiene sida". Otros mitos, dice también la autora, son las campañas de sexo seguro, o incluso de intercambio de jeringuillas, de eficacia muy dudosa. Pero, sobre todo, se hace creer que los cócteles contra el sida son la única solución. ¿Y qué hay detrás de todo ello? Dinero, mucho dinero. En primer lugar, la industria farmacéutica. Pero habría que sumar los anticonceptivos y la utilidad política del sida, que permite entrada libre en los países del tercer mundo para aplicar políticas antinatalistas, de modo que los morenos no invadan el rico norte. R. B. |