RetrocesoA&ONº 278/25-X-2001SumarioMundoContinuar
Entrevista a monseñor Sabbah, Patriarca latino de Jerusalén
Es clave resolver el problema palestino
El Patriarca latino de Jerusalén, Su Beatitud Michel Sabbah,se encuentra en Roma
en el Sínodo de los Obispos. Ha hecho estas declaraciones al diario italiano Avvenire:
La idea de un Plan Marshall para Palestina es buena, para poner fin al conflicto entre israelíes y palestinos, pero no basta.

¿Cuál es la solución entonces?

Hablemos claro. Éste no es un conflicto local, porque el futuro de los israelíes preocupa a todo Occidente, y el de los palestinos a todo el Islam. Por tanto, es un conflicto que afecta a toda la comunidad internacional, y ésta debe tener el valor de tomar la iniciativa en favor de una reconciliación definitiva entre los dos pueblos.

Pero hasta ahora todos los intentos han naufragado.

Y, sin embargo, la solución no es tan difícil como se podría pensar. En el fondo, lo que piden los palestinos es que sean reconocidos sus derechos, así como ellos han reconocido la existencia y el derecho del Estado de Israel sobre el 78% de la tierra palestina. Ahora piden que sea reconocido su derecho sobre el restante 22%. La paz es relativamente fácil si se va en esta dirección. Todo el mundo árabe y musulmán empezará su camino de amistad y paz con el pueblo israelí.

¿Piensa que esto podría incluso resolver el problema del terrorismo?

Pienso que, si se encuentra una solución justa al problema de los palestinos, todo el mundo árabe y musulmán se tranquilizará; pero si continúa la injusticia, aunque se hagan todas las guerras que se quiera al terrorismo, quedará siempre en la gente el resentimiento antioccidental. Y en el resentimiento encontrará terreno fértil quien disemina terror y muerte.

Sin embargo, algunos autorizados observadores mantienen que ni siquiera la solución del problema palestino detendrá a los diversos Osama Ben Laden.

Sí, quizá no eliminaría del todo el problema y seguramente algunos locos continuarían; pero estoy seguro de que el terrorismo se reduciría en un 90%. Y todos aquellos que pretenden explotar el resentimiento contra las opresiones, verdaderas o presuntas, del Occidente rico y potente se encontrarían con las armas desactivadas.

¿Cuánto influye, en su opinión, la componente religiosa en el fenómeno terrorista?

Influye como instrumento, en el sentido de que se manipula la religión para fines exclusivamente políticos.

¿En Tierra Santa hay peligro para la comunidad católica?

Son los mismos peligros de todos los otros hombres y mujeres que viven en nuestra región. No estamos en peligro en cuanto católicos, sino porque sufrimos, como todos, por la falta de paz; una situación que, entre otras cosas, ha bloqueado casi completamente las peregrinaciones.

¿En este sentido qué diría a los católicos de otros países?

Quien quiera venir, que venga sin miedo. En tiempos difíciles como éstos necesitamos peregrinos con una vocación especial: la de quien, renovando su fe, quiere ser testigo y mensajero de la paz en una situación de conflicto.

HOMBRE DE DIOS

Ante todo, la Relación del cardenal Bergoglio, de 74 años, comenzó subrayando que el mundo necesita hoy obispos que vivan en "comunión con el Señor". En este apartado, insistió particularmente en la santidad, en la formación permanente del obispo, y en el testimonio de vida "pobre por el Reino" que hoy día exige de él el mundo.

A continuación, afrontó la cuestión de la relación del obispo con el Papa y con los obispos del mundo. La clave para explicar las relaciones en la Iglesia ha quedado acuñada en una frase: Bajo Pedro y con Pedro.

Algunos obispos habían propuesto, durante las intervenciones, adoptar el principio de subsidiariedad como criterio que rija las relaciones entre el Papa, la Curia romana, las Conferencias Episcopales, y las diócesis. Se trata de una de las aportaciones de la doctrina social de la Iglesia que ha sido adoptada también por la sociología y que delimita el ámbito de acción de cada uno de los niveles y autoridades que conforman el cuerpo social. La Iglesia, sin embargo, no es una institución política, ni económica, estrictamente hablando, y por tanto este criterio se le queda corto. La fe, por ejemplo, es igual a todos los niveles: no puede haber creencias diferentes por parte del Papa o de las Conferencias, pues no estaríamos hablando ya de la misma Iglesia. Por eso, el cardenal Bergoglio, al recoger las conclusiones, afirmó: "Hay que hablar más de comunión que de subsidiariedad".

Por lo que se refiere a la misión del obispo, pastor de la diócesis, lo primero que ha subrayado el Sínodo hasta ahora, como confirmó Bergoglio en su Relación, es el deber de ser maestro de la fe. Subrayó con vigor que el obispo está capacitado por la gracia del Orden sagrado para expresar un juicio auténtico en materia de fe y moral. Al mismo tiempo, constató el Relator que el obispo, con peculiar predilección, debe convertirse en heraldo de la Buena Nueva de Jesús entre los pobres, para quienes debe ser un padre y hermano. Debe prestar también una atención privilegiada en la atención a sus sacerdotes, diáconos y colaboradores inmediatos de su ministerio, así como a sus seminaristas. Análoga preocupación debe sentir por las vocaciones a la vida consagrada y misionera.

SERVICIO AL MUNDO

Por último, el cardenal Bergoglio afrontó el servicio que está llamado a ofrecer el obispo al mundo. Subrayó la acción pastoral de la cultura, que depende en la sociedad actual, en buena parte, de la presencia en los medios de comunicación. "El mundo de la comunicación es ambiguo", constató. Ofrece posibilidades extraordinarias para anunciar la fe, y la esperanza que necesita el mundo. Pero está también sometido a la manipulación. La solución, por tanto, pasa por la formación de laicos, religiosos y sacerdotes para que estén presentes en este ámbito.

Refiriéndose al servicio del obispo al mundo actual, el cardenal argentino mencionó la urgencia de que el obispo sea agente de justicia y de la paz; agente de diálogo; y heraldo de la esperanza.