RetrocesoA&ONº 278/25-X-2001SumarioMundoContinuar
Cáritas se moviliza para que su ayuda llegue a Afganistán
El inminente invierno podría causar
una hecatombe en la población
Estamos preocupados por el hecho de que la gente no logra comprender la magnitud de la crisis que se abate sobre Afganistán. Es imposible comprender con precisión los números, pero millones de personas corren serio peligro, y cientos de miles tienen que afrontar la amenaza de la muerte por hambre". Éste es el grito que llega desde Pakistán. Lo lanza Luc Picard, enviado de Cáritas de Estados Unidos. "Nos encontramos realmente ante una carrera contra el tiempo, para llegar antes de que la nieve los aísle durante meses".

La llegada del invierno afgano, la dificultad del terreno, la perspectiva de una guerra que podría ser larga, y la gran cantidad de mujeres y niños en condiciones alucinantes, han provocado una movilización sin precedentes de Cáritas International, la Federación, con sede en el Vaticano, que reúne a 154 Cáritas nacionales, presente en 198 países de todo el mundo. Según sus fuentes, en Paquistán, aproximadamente dos millones de niños afganos son refugiados o desplazados, y en muchos casos sufren de mala alimentación.

Los datos más exactos sobre la situación humanitaria en Afganistán proceden del Alto Comisionado para los Refugiados de las Naciones Unidas (ACNUR) y del Programa Mundial para la Alimentación (PAM). ACNUR, que coordina la respuesta humanitaria en Paquistán y Afganistán, calcula que entre 300 mil y 1,5 millones de personas podrían necesitar asistencia de emergencia inmediata en Paquistán. En Afganistán, el PAM estima que cinco millones de personas necesitan alimentación.

Cáritas asiste a las poblaciones afganas desde hace diez años. Actualmente, esta red internacional de Cáritas ofrece asistencia humanitaria a las poblaciones de refugiados afganos acogidos en territorio paquistaní, en los campos de Shamshatoo (alrededor de 70.000 personas), Akora Khatak (25.000) y Jalozai (60.000). Además, Cáritas está comprometida en la construcción de nuevos campos de acogida para los refugiados en la frontera de Pakistán. En particular se está ofreciendo material de primera necesidad —mantas, sacos de dormir, alimentos no perecederos— para una población estimada de 55.000 familias (unas 330.000 personas). Asimismo, se han ofrecido unas 10.000 tiendas de campaña unifamiliares, además de asegurar las infraestructuras básicas de los asentamientos (canalizaciones de agua potable y letrinización) y de poner a punto programas de nutrición y de atención sanitaria.

En caso de que se siga impidiendo la entrada de los refugiados afganos en Pakistán, Cáritas tiene previsto movilizar todo este material de socorro al interior de Afganistán. De hecho, confía en poder actuar también en el interior de Afganistán a través de las contrapartes locales (como la ONG afgana Ibn Sina) con las que la organización viene colaborando desde hace varios años. Para ello, se están previendo las medidas necesarias para ayudar a los desplazados internos dentro de Afganistán mediante programas específicos de salud (medicinas y clínicas móviles), de alimentación y de suministro de agua potable, sobre todo entre las poblaciones que están retenidas en la frontera.

HOMBRE DE DIOS

Ante todo, la Relación del cardenal Bergoglio, de 74 años, comenzó subrayando que el mundo necesita hoy obispos que vivan en "comunión con el Señor". En este apartado, insistió particularmente en la santidad, en la formación permanente del obispo, y en el testimonio de vida "pobre por el Reino" que hoy día exige de él el mundo.

A continuación, afrontó la cuestión de la relación del obispo con el Papa y con los obispos del mundo. La clave para explicar las relaciones en la Iglesia ha quedado acuñada en una frase: Bajo Pedro y con Pedro.

Algunos obispos habían propuesto, durante las intervenciones, adoptar el principio de subsidiariedad como criterio que rija las relaciones entre el Papa, la Curia romana, las Conferencias Episcopales, y las diócesis. Se trata de una de las aportaciones de la doctrina social de la Iglesia que ha sido adoptada también por la sociología y que delimita el ámbito de acción de cada uno de los niveles y autoridades que conforman el cuerpo social. La Iglesia, sin embargo, no es una institución política, ni económica, estrictamente hablando, y por tanto este criterio se le queda corto. La fe, por ejemplo, es igual a todos los niveles: no puede haber creencias diferentes por parte del Papa o de las Conferencias, pues no estaríamos hablando ya de la misma Iglesia. Por eso, el cardenal Bergoglio, al recoger las conclusiones, afirmó: "Hay que hablar más de comunión que de subsidiariedad".

Por lo que se refiere a la misión del obispo, pastor de la diócesis, lo primero que ha subrayado el Sínodo hasta ahora, como confirmó Bergoglio en su Relación, es el deber de ser maestro de la fe. Subrayó con vigor que el obispo está capacitado por la gracia del Orden sagrado para expresar un juicio auténtico en materia de fe y moral. Al mismo tiempo, constató el Relator que el obispo, con peculiar predilección, debe convertirse en heraldo de la Buena Nueva de Jesús entre los pobres, para quienes debe ser un padre y hermano. Debe prestar también una atención privilegiada en la atención a sus sacerdotes, diáconos y colaboradores inmediatos de su ministerio, así como a sus seminaristas. Análoga preocupación debe sentir por las vocaciones a la vida consagrada y misionera.

SERVICIO AL MUNDO

Por último, el cardenal Bergoglio afrontó el servicio que está llamado a ofrecer el obispo al mundo. Subrayó la acción pastoral de la cultura, que depende en la sociedad actual, en buena parte, de la presencia en los medios de comunicación. "El mundo de la comunicación es ambiguo", constató. Ofrece posibilidades extraordinarias para anunciar la fe, y la esperanza que necesita el mundo. Pero está también sometido a la manipulación. La solución, por tanto, pasa por la formación de laicos, religiosos y sacerdotes para que estén presentes en este ámbito.

Refiriéndose al servicio del obispo al mundo actual, el cardenal argentino mencionó la urgencia de que el obispo sea agente de justicia y de la paz; agente de diálogo; y heraldo de la esperanza.