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Los periodistas las denominamos serpientes del verano . Las hay inofensivas, amables; otras son sinuosas, ladinas y muy venenosas. Su capacidad incisiva depende de la prisa por dominar la situación. Mantienen calientes las páginas de los periódicos, los sonidos de la radio y las imágenes de la televisión, amén de ocupar las desocupadas redacciones. En este verano horribilis, las serpientes son herederas de un relato, el Génesis, que no fue ni es la última palabra. De entre la camada de reptiles elegimos una: el caso Gescartera. Me fijaré, con licencia de la dialéctica hegeliana, en el editorial del diario El País, como marco de este culebrón estival, y como ejemplo de un nefasto proceso de victimación de las víctimas que producen algunas informaciones, las que convierten a las personas en protagonistas de lo que no son. Publicado el martes 21 de agosto de 2001, con el título de Cartera de la Iglesia. Dice (tesis): «Si el dinero que la Iglesia confió a Gescartera hubiera sido producto de sus bienes y negocios, o de los mínimos ingresos del cepillo, y si lo hubiese entregado de forma trasparente, nada cabría objetar. Pero en España la mayor parte de los ingresos de la Iglesia procede del erario público: de los Presupuestos Gnerales del Estado-21.750 millones este año- o de generosas subvenciones que compensan la tarea de miles de eclesiásticos en servicios sociales o en la enseñanza, la sanidad, los cuarteles y las cárceles». (Antítesis) La voz de las víctimas, de los estafados, tan poco oída hasta ahora. Elijamos una, de entre las muchas:la del Instituto Español de Misiones Extranjeras (IEME). En un reciente comunicado, que no tiene desperdicio, señala lo siguiente: «1º.- En enero del año 2000 el IEME comenzó a depositar en Gescartera un dinero hasta llegar al valor de 200 millones de pesetas, pertenecientes al patrimonio de la institución (fondo histórico proveniente de fundaciones y testamentos de particulares). Estos recursos económicos no provienen, por tanto, de los fondos públicos que el Estado aporta a la Iglesia ni de subvenciones estatales (nunca hemos tenido) ni de los donativos ofrecidos para tareas misioneras y solidarias en los lugares de misión donde trabajan nuestros compañeros. |
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2º.- El IEME llegó a Gescartera por invitación de José María Castro, ex-gerente de las Obras Misionales Pontificias, persona que considerábamos de confianza y que en aquel momento comenzaba a trabajar en Gescartera. 3º.- Los depósitos fueron hechos en la modalidad de renta fija, no variable, a un interés del 4,5 % al principio y de un 5 % más tarde, guardando todas las garantías de legalidad. Si en aquel momento nos hubieran ofrecido invertir a un interés más alto podríamos haber llegado a dudar. Anteriormente estos fondos estaban depositados en otras entidades bancarias. 4º.- En nuestro caso no hay ni dinero negro, ni dinero público ni fiebre especulativa como han insinuado ciertos medios de comunicación. Creemos que las sospechas que pueda haber sobre algunos clientes no se pueden extender indiscriminadamente a todos por igual. 5º.- Partimos del hecho de que la Iglesia está legitimada para tener bienes y una institución como la nuestra necesita de unos recursos económicos para el funcionamiento de unos servicios comunes al servicio de la misión, dentro de una línea de sencillez y austeridad por la que siempre nos hemos significado. 6º.- Los intereses de los fondos del patrimonio del IEME se destinan a cubrir parte de los presupuestos anuales de los servicios comunes, presupuestos que son públicos y que todos los años enviamos a los grupos del IEME en misiones, a los obispos de España y a los delegados diocesanos de misiones. Los intereses de estos fondos suponen, aproximadamente, 1/4 de los ingresos anuales del presupuesto. Los otros ingresos del presupuesto provienen de las aportaciones personales de quienes vivimos y trabajamos en las casa de Ferrer del Rio y de Pirineos (pensiones, clases, aportes personales), de la Campaña de Epifanía y de la suma de pequeños donativos. 7º.- Creemos nuestro deber reclamar por vía legal y judicial el dinero del IEME que algunos han hecho desaparecer. Hemos actuado dentro de la legalidad al confiar nuestros fondos a una entidad financiera sujeta a controles y supervisiones por parte de los organismos competentes, llámese CNMV. Con sorpresa hemos verificado que hemos sido engañados y estafados. |
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8º.- Este verano está siendo muy amargo para todos nosotros. Nos duele no sólo la posible pérdida de unos recursos materiales tan necesarios para la misión, sino también la puesta en entredicho de nuestra responsabilidad ética en el uso de unos recursos económicos provenientes del esfuerzo y generosidad de quienes cooperan con la acción misionera de la Iglesia, a través de nuestro servicio. 9º.- Nos sentimos indignados por la forma como los medios de comunicación están tratando el tema de Gescartera. El hecho de que algunas instituciones eclesiales estemos siendo víctimas de esta estafa no debe ser la ocasión ni de implicar a la Conferencia Episcopal, ni a la Iglesia en general y, mucho menos, sacar conclusiones sobre la necesidad de revisar su sistema de financiación, como están haciendo algunos partidos. No es justo ni ético aprovechar el momento para denigrar la vida y la acción de la Iglesia y la confianza depositada en sus instituciones y personas. 10º.- Como tampoco es justo que quienes somos víctimas y hemos sido engañados y estafados, estemos apareciendo como culpabilizados ante la opinión pública. Se habla mucho de un periodismo de investigación y pareciera que lo más importante de la investigación haya sido la publicación de unas listas faltando al derecho a la intimidad y al secreto bancario. El auténtico periodismo de investigación y siempre dentro de unas normas éticas tendrá que ayudar a investigar dónde está el dinero, cuáles son las responsabilidades, los deberes y las obligaciones de quienes tienen que vigilar desde la CNMV, quiénes son los culpables y cuáles son las garantías de un Estado de Derecho como el nuestro. 11º.- Queremos, a pesar de las dificultades del momento, seguir caminando con nuestro estilo de vida y opciones de sencillez y austeridad en la dedicación a la tarea misionera de la Iglesia entre los más pobres procurando hacer del IEME ese cauce misionero para el clero diocesano español que pueda canalizar con garantías y exigencias evangélicas su compromiso misionero. 12º.- Sentimos tener que dedicar un precioso tiempo y unas energías a este tema en que nos han metido y restar tiempo a los auténticos problemas que se están viviendo en los lugares donde trabajan nuestros compañeros y los pueblos e Iglesias con quienes caminan». El jesuita José María Martín Patino tuvo que salir en defensa de la Iglesia, con un extenso y pensado artículo de opinión, en el diario de información general del grupo PRISA, el jueves 23 de agosto, con el título: Uso y abuso de la palabra Iglesia, en el que se lee, entre otras cosas: "Deberíamos preocuparnos mucho más por la ignorancia, por la desinformación. No parece bueno que los medios de comunicación se presten al oficio de desinformar". |