RetrocesoA&ONº 271/6-IX-2001SumarioUsted tiene la palabraContinuar
CARTAS

ÚLTIMOS SACRAMENTOS


Hace unos años leí que un sacerdote de Burgos había puesto en marcha un teléfono de Urgencias religiosas para atender llamadas de este carácter, sobre todo para casos de enfermos en peligro de muerte. Cuando llega esta situación la familia procura llamar al sacerdote, pero no siempre lo puede localizar, sobre todo en lugares donde escasean. Insisten por el teléfono, pero si no tienen éxito se cansan y lo dejan. En el caso que leí, el sacerdote había hecho una especie de concierto con la Telefónica o con el Teléfono de la Esperanza, o bien con su imaginación, de forma que a una llamada aquí dieran otro teléfono con un sacerdote de guardia que indicaba a dónde debían llamar para ese fin. He vivido momentos angustiosos para un familiar, y para pacientes míos, pues soy médico, y sólo con la insistencia en llamar o ir a recoger el sacerdote, después de localizarlo, se ha podido atender al moribundo. Igual que hay atenciones urgentes en el servicio de bomberos, o de la policía, nada más urgente que poder recibir los santos sacramentos in articulo mortis, pues en ello va el alma del que está en peligro de morir y la paz de la familia.

Luis Trichán Martín
Alicante

RESPETAR LA CASA DE DIOS


El día 11 de julio se dio en Barcelona un hecho, no por repetido menos triste: en la joya que es la parroquia de Santa María del Pi se reunieron mil personas para conmemorar los 25 años de Comisiones Obreras. Allí estaban todos los de puño en alto, los que pregonaron que la religión es el opio de los pueblos, los de la lucha de clases, los que todavía se apoyan y trepan sobre los materiales de derribo del marxismo... Eso sí, coreados por algún que otro de los políticos que se sitúan más bien a la derecha. Parece que en la culta y popular Barcelona no hay otro lugar. No hay ateneos, salas de conciertos, auditorios, plazas de toros, para celebrar una fiesta civil quienes se dicen sustancialmente ateos.

José Antonio Pastor Cañada
Barcelona

OBJECIÓN SÍ, REBELIÓN TAMBIÉN


Leí con interés el extenso reportaje sobre la objeción de conciencia publicado el 12 de julio. Pese al optimismo que emana, a mí me preocupó. Admito que la objeción puede ser un arma legal en determinadas circunstancias, como las referentes a los farmacéuticos andaluces, pero ¿es eso todo? Me explico, la objeción de conciencia supone para el católico reconocer que las leyes y el Gobierno de la sociedad de la que forma parte son contrarias al Derecho Natural y a la voluntad de Dios, pero al mismo tiempo implica que no se hace nada más para cambiar la situación. La consecuencia puede ser la desmovilización de los católicos. Se puede acabar consiguiendo el respeto a la conducta individual (hasta que una ley suprima la pretendida objeción) sin ir más allá, sin suprimir lo que disgusta a nuestra conciencia. Por tanto, ¿no sería también otra conducta adecuada el plantar cara a un Estado que ataca de una manera tan cruel la vida humana y la libertad? Por ejemplo, ¿nos es lícito a los católicos financiar mediante nuestros impuestos un sistema sanitario que perpetra abortos, esterilizaciones y eutanasias? Es algo que propongo a los lectores de Alfa y Omega.

María Moreno
Madrid

¿HOSPITALES CATÓLICOS PARA CATÓLICOS?


Esta pregunta ronda a menudo por mi cabeza; quede claro, antes que nada, que no se vea como un reclamo de ningún tipo de clasismo social. Supongamos que se aprueba la eutanasia, hecho que, desgraciadamente, sospecho sucederá, como en su día se aprobaron las leyes del divorcio, aborto..., y lo que es más preocupante: la aceptación social con que se acogen estas gravísimas decisiones, incluso sectores que se dicen católicos. La pregunta que me hago es la siguiente: ¿un enfermo puede estar seguro de que sus creencias van a ser respetadas incluso en el recibidor de la muerte, ya sea en hospitales públicos o privados? Los médicos que estén al cargo del enfermo, por ejemplo un supuesto enfermo terminal, ¿sabrán -me pregunto yo- respetar que, como creyente, desearía morir en consonancia con mis creencias de católico, con la asistencia, los tratamientos y cuidados médicos acordes a mi fe cristiana?, o , por el contrario, ¿una vez aprobada esta ley, ya no contarían las creencias ni la voluntad del enfermo, sino que estaría a merced de la legislación vigente? Si eso va a ser así, revindico, desde ahora mismo, un Registro Oficial de Objetores de Conciencia para Moribundos, algo así como dar carta de naturaleza, mediante un carné o documento, al Testamento vital que la Conferencia Episcopal Española publicó hace unos años, para así, si se diera el caso, acreditar mi voluntad en estos trances de la vida, igual que uno acredita su grupo sanguíneo cuando va a dar sangre, o su nacionalidad cuando rellena un documento.

Ojalá que este presentimiento, que invade mi mente, sea solamente aquello de ponerme la venda donde no hay todavía herida, y los políticos que nos gobiernan, al menos los que se declaran católicos, y el buen juicio del pueblo español, guiado por su sentido común y espiritualidad no caigan en este terrible error; de lo contrario, siquiera por dignidad personal y principios cristianos, reclamo, también, una perfecta clasificación de hospitales y centros médicos, de acuerdo a un ideario, en católicos, no católicos o como se quiera, de tal manera que uno elija aquel que a priori vaya a respetar su fe.

Jesús Espinosa Carrascal
Madrid