RetrocesoA&ONº 271/6-IX-2001SumarioContraportadaContinuar
8 de septiembre: Fiesta de la Natividad de Nuestra Señora
La que fue pensada la primera
Con harta razón ha habido reproches de altura literaria a quienes, con evidente injusticia, han olvidado al mejor articulista de la prensa española del siglo XX, José María Pemán, de cuya muerte se cumplen ahora veinte años. No sólo periodismo del mejor y actualidad palpitante respiraba en sus escritos este gran señor andaluz y español de pura cepa. En la festividad del nacimiento de María, tan popular y sentidamente celebrado por nuestro pueblo cristiano, Alfa y Omega, que se ha distinguido reiteradamente reconociéndolo expresamente, se honra en traer a esta página sus límpidos versos de poeta enamorado de Nuestra Señora

INVIOLADA


Aún no estaba en la mano
del Señor la plomada
que nivelara los cimientos, luego,
del Mundo, y Tú ya eras
la alegría y la gracia
de sus ojos azules:

de sus ojos azules que, clavados
en el azul eterno, sin aurora,
contemplaban Tu Ser predestinado,
como un perfume que pudiera verse.
Salmo de las campanas en la mañana del día de la Purísima

En Ti la Gracia del Señor. Rendida
su mirada de luces te reviste.
Entre las hijas de Israel tú fuiste
como zarza entre espinas, escogida.
¡Quién por cantar, Señora,
tu frente limpia y clara,
su cítara engarzara
con rayos de la aurora!

Entrelazados,
en tus carnes de flores virginales,
Dios y la arcilla en Ti. Como pardales
en un tronco anidados.

Inmaculada siempre, y siempre pura
diste ser, de tus carnes al Bien mío.
Así en la blanca altura
la limpia nieve se convierte en río
sin perder su limpieza y su blancura.

La carne de Dios llena
que redimió la tierra pecadora
atravesó, Señora,
tu carne de azucena,
como el cristal el rayo de la aurora.

En Ti el Alma se ampara.
A Ti endereza el Alma su carrera.
Así la corza tímida y ligera
hacia la fuente clara.

Limpia, Madre, los cuerpos pecadores,
como limpian las aguas del riachuelo
los guijarros del suelo,
cuando van, entre jaras y entre flores,
cantando paz y reflejando cielo.

REGINA MATER


Cuando no era la noche ni era el día,
ni el límite del mar junto a la arena,
ni el nevado perfil de la azucena
en las faldas del viento se movía,

ya te pensaba a Ti, dulce María,
y ya te definía clara y buena,
en su mejor misterio la serena
luz inmortal de la Sabiduría.

Luego marcó Su mano esa que entona
lira y canción el giro de la esfera.
Cuajó de soles una y otra zona.

Pintó la gracia de la primavera...
¡Pero todo fue ya cetro y corona
de la que fue pensada la primera!