RetrocesoA&ONº 271/6-IX-2001SumarioDesde la feContinuar
Cardenal Tettamanzi, arzobispo de Génova:
"Los contestatarios no pueden
dictar condiciones al mundo"
Ha sido, lo es todavía, el tiempo del dolor, de la amargura. Pero ahora es más bien el de la reflexión, la toma de una responsabilidad más profunda y extensa, que debe impulsar a cada uno de nosotros a actuar con solidaridad y fraternidad; a construir y reconstruir, y no hablo solamente de cosas materiales». El cardenal arzobispo de Génova habla poco después de que a su ciudad volviese la normalidad, después de los violentos acontecimientos del G8. Pero las heridas -añade- son tántas, las más graves son aquéllas del espíritu. Como pastor, veo que las debo cerrar, dejar cicatrizar, dividido entre la admiración , el sufrimiento.

¿Por qué razones?

Porque es admirable esta ciudad tan civilizada y acogedora, y, de repente, ha sufrido una furia ciega, pero ha reaccionado inmediatamente, de modo positivo y ordenado, es más, alegre. Respecto al sufrimiento -debería decir, los sufrimientos-, en estos momentos deriva del hecho de que de los genoveses, y de las injusticias y agravios que han sufrido, de sus virtudes, no se ha hablado mucho. Y eso que los genoveses podrían ser un buenísimo ejemplo también para los líderes del G8, que no siempre han estado activos, y que, incluso, no siempre han mantenido las promesas. Pacta sunt servanda, los pactos se deben respetar, si puedo usar la lengua de la primera globalización de la Historia...

¿Cómo valora los resultados del G8 de Génova?

Diría que, en su conjunto, y con respecto a los encuentros anteriores, ha concentrado mayormente la atención sobre el drama de la pobreza en el mundo. Se ha dado también algún paso hacia adelante concreto, por ejemplo con la constitución del Fondo contra las Enfermedades, pero es también verdad que las iniciativas de los líderes podían ser algunas más, y más sustanciosas. Luego está la cuestión del paso de los enunciados a los hechos, y yo aquí no quisiera que se repitiese la historia del compromiso en el vértice de Colonia (destinar el 0,7 % del PIB de los países ricos a los pobres) y no mantenido, o mantenido sólo en parte. A este respecto, me parece que la sociedad civil todavía tiene un amplio espacio para el esfuerzo.

Usted ha lanzado muchas veces un llamamiento a todos para que justamente se preocupen pronto por el bien común. ¿Qué añade después de los repetidos dramas del G8 en Génova?

Añadiría que esta diligencia o   preocupación debe inspirar a cada uno de nosotros en lo cotidiano. Dirigiéndome a los opositores, diría que no pueden dictar condiciones al mundo entero, por si fuera poco recurriendo a la violencia.

Protestas y violencia han sido un binomio casi inseparable en Génova. ¿Cómo separarlo?

Siguiendo el camino de la reflexión y de la toma de responsabilidad. Pero no basta con excluir la violencia; también la vía pacífica debe cumplir el esfuerzo preliminar de comprender realmente los problemas. Es necesario, entre otras cosas, una gran fuerza moral par ser todos juntos creíbles y eficaces, para llegar de modo convincente y sin traumas dolorosos a quien detenta el poder. En resumen: el G8 no acabó aquel domingo de julio, la sociedad civil debe continuar siendo un estímulo para quienes tienen mayores responsabilidades.