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Al final del evangelio de este domingo aparecen unas palabras de Jesús un tanto escandalosas, es decir, un obstáculo para seguir a este Maestro: "... el que no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío". He aquí lo que Jesús exige cuando alguien quiere ser de los suyos. Y bienes en este contexto parecen ser también las relaciones con los demás, incluidos las parientes y la propia familia: padres, esposa/o, e incluso uno mismo. ¿Cómo es posible semejante desafío de Cristo a la mucha gente que le acompaña?
No tenemos derecho a aguar estas palabras de Cristo, aunque estemos todavía al inicio del curso pastoral. Y es que Jesús dice que hay que odiar a los miembros de la propia familia, si alguno de sus miembros le impide al discípulo la relación inmediata con el Maestro. No estamos acostumbrados a que se nos hable así. Hay que aclarar, sin embargo, que esta forma de hablar de Jesús refleja la manera de hablar semita, pues emplea el verbo contrario a amar en lugar del comparativo, que no existe en hebreo. Pero, en cualquier caso, en este pasaje de San Lucas se pide a los candidatos a discípulos que estén dispuestos, si es necesario, a romper incluso los lazos familiares más estrechos por seguir a Jesús. Él puede exigir, por ser el representante de Dios Padre en la tierra, aquel amor indiviso que la ley antigua reclamaba para Dios: Con todo el corazón, con todas las fuerzas. Nada puede competir con Dios, y Jesús es la visibilidad del Padre. El que ha renunciado a todo por Dios está más allá del cálculo; de lo contrario, pudiera sucederle lo que a aquel que quiso construir una torre y calculó mal, o al rey que intentaba luchar contra otro que trae más soldados. Jesús plantea esta escandalosa exigencia a una gran cantidad de gente que le sigue externamente. Pero ¿quién, en esa masa, está dispuesto a cargar con su cruz, pues bien saben que ello significa: disponibilidad para una muerte ignominiosa? Jesús no habla por hablar: Él ha renunciado a sus parientes, a su madre, y no tiene donde reclinar su cabeza. Él mismo llevará la cruz a cuestas. Puede así exigir, porque Él va por delante y, a la vez, junto a nosotros para ayudarnos a llevar esta cruz. + Braulio Rodríguez Plaza |