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¿Una estrategia mundial contra el sida? Ésta es la cuestión
Si se quiere..., el sida se puede vencer
En la reciente cumbre de las Naciones Unidas sobre el virus VIH, la Unión Europea quiso imponer
medidas de lucha contra el sida, como el reconocimiento jurídico del matrimonio entre homosexuales
con todos sus supuestos derechos, el aborto por parte de adolescentes, una amplia gama de servicios reproductivos
a los niños sin el consentimiento de sus padres, la legalización de la prostitución... ¿Se combate así la pandemia?
La conclusión de la Sesión supuso un serio revés para la filosofía del pensamiento único tan arraigada en el viejo Continente
La guadaña despiadada del sida sigue segando vidas humanas. Desde que se constatara el primer caso en Los Ángeles, en el otoño de 1980, al menos 36.1 millones han sido contagiadas por el virus VIH, y 21.8 millones han muerto (15 millones en África); una epidemia que ha dejado a sus espaldas al menos 13.2 millones de huérfanos. En Zambia, por ejemplo, con una población de nueve millones y medio de habitantes, un adulto de cada cinco está enfermo de sida, y mueren cien mil personas al año. Setecientos mil niños de ese país ya han perdido a sus padres a causa de este flagelo.
La emergencia es tal, que las Naciones Unidas han revisado a la baja el crecimiento demográfico de África por este motivo. Ante esta situación, la comunidad internacional se reunió en la sede de la ONU, de Nueva York, del 25 al 27 del pasado junio para buscar una estrategia mundial. En la Conferencia participaron unos 3.000 responsables gubernamentales, en representación de 189 Estados, así como activistas, representantes de la industria farmacéutica y enfermos de sida. |
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Ante la sorpresa de las Delegaciones, en los primeros días de sesiones las negociaciones hacia la redacción de una estrategia común avanzaron a gran velocidad. Un consenso mundial se fue creando en torno a un texto en el que se pedía, por ejemplo, que las mujeres y niñas, violadas y privadas de protección en algunos países, sean objeto de una atención especial por parte de los Estados. Se marcaron también objetivos concretos: el compromiso de cada país para desarrollar políticas nacionales para el año 2003; reducir a la mitad el contagio entre madres e hijos para antes del 2010; y distribuir información y medicinas en todo el mundo, a precios accesibles, para el año 2005. Ahora bien, cuando ya parecía que la sesión se acababa, como quien no quiere la cosa, la Unión Europea y Canadá sugirieron que el texto final hiciera referencia a un documento del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para Derechos Humanos y de la agencia de la ONU para el sida (ONUSIDA), redactado en 1998. En un primer momento, la idea parecía lógica. Alguna Delegación, antes de que fuera incluida la cita, sugirió: "¿Y, por qué no lo leemos?" En realidad, prácticamente casi ningún representante conocía la existencia del texto. Y, al leerlo, la sorpresa fue supina. El documento reivindica la libertad sexual como un derecho humano fundamental, al mismo nivel que el derecho a la libertad de expresión, o de religión. Cuando los diferentes países se pusieron a leer estas orientaciones, descubrieron que deberían legalizar el matrimonio homosexual, promover el aborto por parte de mujeres y adolescentes, ofrecer una amplia gama de servicios reproductivos a los niños sin el consentimiento de sus padres, legalizar la prostitución, y transformar sus sistemas legales. En definitiva, la Conferencia de la ONU quería imponer a última hora leyes que sólo han sido adoptadas por Holanda. Pero la cuestión llegaba más lejos. |
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El representante de la Santa Sede en la Conferencia, el arzobispo mexicano monseñor Javier Lozano Barragán, y organizaciones no gubernamentales católicas, protestantes, y de otras religiones, presentes en el encuentro, se dieron cuenta de que el documento, al clamar por el derecho a la libertad sexual, exige también penas por vilipendio de gente que mantiene relaciones con personas del mismo sexo. El texto no explica qué se entiende por vilipendio ni por penas. Esto significa que alguien podría llevar a los tribunales la Biblia, que presenta los actos homosexuales como depravaciones graves, o el Catecismo de la Iglesia católica, que declara, siguiendo la tradición de la Iglesia, que los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados, contrarios a la ley natural. Los representantes religiosos podrían ser criminalmente perseguidos por enseñar esta doctrina, en caso de que las leyes se adaptaran a la propuesta, como pretendía hacer Europa. Las orientaciones del documento de la ONU, que la Unión Europea se empeñó en incluir, exige educación sexual y homosexual para los niños, hasta el punto de que subraya que el material utilizado en las escuelas para estas clases no debe ser sometido erróneamente a censura ni a leyes sobre el pudor ; lo que significa que la pornografía podría ser considerada como un instrumento válido de enseñanza en el colegio. Como era de suponer, estalló un clamoroso debate. Europa y Canadá defendieron la inclusión del texto justificando que, de este modo, se tiene en cuenta la situación de sectores de población particularmente expuestos al contagio del virus del sida, como son los homosexuales. Como es evidente, la mayoría de los países se opusieron a esta propuesta como estrategia común para la lucha contra el sida. La Santa Sede, países de Iberoamérica y musulmanes pusieron sobre el tapete de la discusión los profundos interrogantes y las consecuencias que una política así implicaría. Europa y Canadá quedaron finalmente derrotadas, cuando Estados Unidos decidió unirse a los opositores de la inclusión del documento de la ONU en el texto final. Es más, Estados Unidos propuso incluir, y lo logró, una referencia a la eficacia de la abstinencia sexual y de la fidelidad, términos que intentaron ridiculizar algunos países europeos. |
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Lo más curioso fue la información que ofreció la prensa internacional, y particularmente la española, sobre la cumbre. Los titulares de la mayoría de los periódicos de la Península Ibérica tachaban de fanatismo al Vaticano, al unirse a países islámicos en el rechazo a la mención de los homosexuales en el documento final. Para el lector era difícil comprender cómo la Santa Sede podía alcanzar grados de fanatismo tales. Se omitía toda la información sobre el documento de la discordia y sobre la estrategia europea de imponer una concepción jurídica y filosófica que ni siquiera se aplica en los países del viejo Continente. Se hable de sida, de hábitat, de población, de condición de la mujer o de los niños, las cumbres de la ONU están asistiendo, desde 1994, a esta serie de debates de grupos interesados en promover esta filosofía de vida, que no tiene nada que ver con los argumentos tratados. Y, sin embargo, los países europeos decepcionaron a la hora de cooperar económicamente, que es donde se muestra en la práctica las buenas intenciones. En el caso de la colaboración con el Fondo para el sida y para otras enfermedades infecciosas, creado por Kofi Annan en vísperas de esa Cumbre (y que ha recibido el aplauso de Juan Pablo II), la aportación europea ha sido decepcionante y, en todo caso, menos decidida que la estadounidense. Se requieren entre 7 y 10 mil millones de dólares para que la lucha mundial contra el sida sea eficaz. Por el momento, la comunidad internacional sólo ha recogido unos 2 mil. El representante del Papa en la Conferencia, monseñor Lozano Barragán, en su intervención, se centró en los pilares sobre los que debe basarse una estrategia creíble en la lucha contra el sida. De este modo, la Santa Sede pide a todos los Gobiernos: |
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- aprovechar cabalmente el poder y la autoridad del Estado para hacer frente a la epidemia, y sugiere dedicar presupuestos suficientes para combatir este flagelo; - incrementar la educación escolar y extra-escolar de los valores de la vida, del amor y del sexo; - eliminar toda forma de discriminación de los enfermos de sida; apoyarlos espiritualmente; multiplicar los centros para su debida atención; - informar y educar adecuadamente sobre el sida; - invitar a una mayor participación de la sociedad civil en la lucha contra el sida; - invitar a la gente de buena voluntad a comprometerse más en combatirlo; - pedir a los países industrializados que, evitando toda forma de colonialismo, ayuden en esta campaña a los países que lo necesiten; - erradicar la explotación sexual especialmente la ligada al turismo, o a las migraciones; - abaratar al máximo los medicamentos antiretrovirales para el sida; - intensificar las campañas para evitar la transmisión materno infantil del mal; - poner un especial cuidado en el tratamiento de los infectados y en la protección de los huérfanos del sida; - y atender especialmente a los grupos sociales más vulnerables. En un documento final, redactado por la Santa Sede sobre la Declaración final de la Sesión de la ONU contra el sida, la Iglesia católica formuló su pesar al comprobar que no se dio en la Cumbre suficiente importancia a la relación entre la promoción y la protección de los derechos humanos -basados en el reconocimiento de la dignidad humana, común a todos los hombres-. Asimismo, el Vaticano lamentó el hecho de que comportamientos irresponsables , de elevado riesgo )NOT( fueran discutidos adecuadamente ), al preparar la Declaración . |