RetrocesoA&ONº 271/6-IX-2001SumarioEn portadaContinuar
Declaraciones del Subsecretario del Consejo Pontificio para la Pastoral de la Salud
Terrorismo psicológico contra la Iglesia

Acusar a la Iglesia de difundir el sida por plantear los interrogantes morales que suscita el preservativo es un acto de "terrorismo psicológico". Lo ha afirmado el Subsecretario del Consejo Pontificio para la Pastoral de la salud, padre Ruffini Felice.

«Es un verdadero acto de terrorismo psicológico presentar la posición de la Iglesia contra el profiláctico como una de las causas, si no la principal, de la difusión del sida. Si el virus se extiende, la culpa es, en todo caso, del hombre que no quiere hacer una autocrítica de sus propios comportamientos», ha afirmado el sacerdote.

Para apoyar sus palabras, cita al científico francés Luc Montagner, uno de los descubridores del virus VIH, quien, "dijo claramente en la Conferencia Internacional sobre el Sida, promovida hace unos años por el Consejo Pontificio para la Pastoral de la salud, en el Vaticano, que, para combatir eficazmente el sida, hacía falta un comportamiento sano en el plano sexual".

«Para la doctrina católica, la castidad según el estado de vida de cada persona, es el medio de prevención más seguro -aclara-. Y el que rechaza esta posición no puede después lanzar este tipo de acusaciones contra la Iglesia. Hoy, en todo caso -añade-, el verdadero problema consiste en afrontar la oleada actual de libertinaje y permisivismo, con una verdadera educación ética y moral».

Además, pensando en la realidad africana, el juicio, según el padre Ruffini, debe matizarse aún más. «Proponer el uso del preservativo es un contrasentido -precisa-, sobre todo si tenemos en cuenta situaciones ambientales caracterizadas por altas temperaturas. Tenemos que decir de una vez por todas que la Iglesia ha estado siempre en primera fila en el campo de la prevención y de la asistencia, y muy a menudo es la única estructura que ayuda a los enfermos, abandonados a sí mismos incluso por sus propias familias».

«Por lo que he podido verificar en Burkina Faso, y por lo que conozco de otras realidades africanas, estamos ante situaciones dramáticas. Nuestros párrocos se han convertido en padres de centenares de niños, que han quedado sin familia, después de que sus padres hayan muerto de sida. Familias enteras desaparecen. Nuestro cometido consiste en procurar una ayuda cultural para sanear la sociedad desde el punto de vista ético y de los comportamientos, para hacer entender que sólo así se podrá afrontar y resolver el problema».

"La Iglesia propone la ley de Cristo , que pasa por el camino estrecho, porque seguir a Jesús cuesta", concluye. Pero libera y salva la vida.