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Cuáles han sido las claves del cambio de COPE, hasta convertirse en una cadena de referencia en el panorama radiofónico español? Seguramente, sin la valentía y el arrojo que supuso la contratación de destacados comunicadores, no hubiera sido posible la transformación de un conjunto de emisoras locales -sin capacidad técnica y con las arcas vacías- en una radio competitiva. En COPE nace la denominada Radio de las estrellas; pero conseguir armonizar el incremento de audiencia y las consiguientes servidumbres de una emisora comercial, con el objetivo confesional de una emisora de la Iglesia, constituye una prueba permanente en la intrahistoria de la cadena.La nueva situación política que vive España en el umbral de los años ochenta invita a una reforma también en sus estructuras mediáticas. El Plan Técnico Nacional de Radiodifusión Sonora obliga a COPE a convertirse en una cadena, con una programación común, y a obtener beneficios con urgencia. De lo contrario, se expone a apagar su voz en las ondas. La Iglesia perdería un medio idóneo, como es la radio, para difundir un estilo de vida cristiano en una sociedad progresivamente más aconfesional. |
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En esta situación de precariedad y de ausencia de perspectivas de futuro es designado Director general, en 1981, José Luis Gago. Con visión de futuro y capacidad de riesgo, no exenta de cierto vértigo, contrata a un comunicador que ya goza del favor de la audiencia: Luis del Olmo comienza a dirigir su programa Protagonistas, a través de la cadena COPE, el 1 de febrero de 1983. Poco después, el padre Gago contrata a otra destacada comunicadora, Encarna Sánchez. El empresario radiofónico José María Ballvé ejerce una gran labor mediadora; además, su emisora, Radio Miramar de Barcelona, permitirá ampliar el radio de acción de la programación de COPE, cuyo grado de cobertura técnica posee serios agujeros negros, especialmente en Cataluña. COPE intenta enfrentarse así a la nueva situación que vive España. El camino lo hallará abigarrado de dificultades y de vicisitudes, aunque el problema fundamental consistirá en aunar, internamente, objetivos. Hasta ese momento, la meta de COPE aparece nítida: llevar los principios del Evangelio a su audiencia, en un ámbito cercano y con medios sencillos. La pretensión ahora es modernizar las estructuras, adaptar el medio a los nuevos tiempos para perseguir idéntico objetivo. La tabla de salvación que precisa COPE la halla en los grandes comunicadores radiofónicos. La Radio de las estrellas se extiende, posteriormente, a toda la radiodifusión de tipo convencional. Las figuras estelares de la comunicación aportan sus luces: viabilidad económica y audiencia; pero también arrastran sombras: imponen sus normas y su identidad supera, en ocasiones, a la del medio. Cabe preguntarnos si el boom de la radio hubiera sido posible sin las estrellas radiofónicas. En COPE surgen los extensos programas de variedades, con las denominadas desconexiones locales, con nuevos conceptos de publicidad y con fórmulas pioneras en el terreno informativo. En COPE se asientan las tertulias radiofónicas y se introducen en los magazines matinales y vespertinos, en éstos últimos mucho más desenfadadas y lúdicas. COPE contrata asimismo a los profesionales más estacados en el ámbito gerencial, aunque sus expectativas se ven limitadas por la peculiaridad empresarial de COPE. Cuando se halla pauperizada económicamente, acepta principios financieros competitivos, propios de cualquier entidad radiofónica, pero, una vez superadas las dificultades, intenta primar su finalidad pastoral, recuperar su talante confesional. La dialéctica confesional y comercial es una constante en COPE. La Radio de las estrellas sigue viva, las empresas invierten en carismáticos profesionales, pero cada época de la historia de la radio no se ha cerrado de una manera conclusiva, sino con horizonte abierto y con interrogantes que hacen difícil la prognosis de futuro. Elsa González Díaz de Ponga |