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La Santa Sede se ha comprometido en la abolición de la pena capital como una parte integrante de la defensa de la vida humana en cada etapa de su desarrollo, en desafío a la afirmación de una cultura de la muerte». Éste fue el mensaje que pronunció el arzobispo Paul Gallagher, enviado especial al Consejo de Europa, al representar al Vaticano en el primer congreso mundial contra la pena de muerte, que se celebró recientemente en Estrasburgo.
El Congreso, organizado por la Asociación Juntos contra la pena de muerte (ECPM), y apoyado por el Consejo de Europa y por el Parlamento Europeo, concluyó con una declaración firmada por los participantes, en la que se lanza un llamamiento para que los Estados adopten todas las iniciativas que contribuyan a la adopción en las Naciones Unidas de una moratoria mundial de las ejecuciones, con la perspectiva de la abolición universal. Monseñor Gallagher recordó que «el Papa ha esperado y rezado mucho para que, entre los beneficios espirituales y morales del gran Jubileo que proclamó para el año 2000, se encontrase el de una moratoria mundial, de modo que el comienzo del nuevo milenio se hubiera podido recordar para siempre como el momento fundamental de la Historia en el que la comunidad de las naciones reconociera finalmente que ahora posee los medios para defenderse sin recurrir a castigos que son crueles e innecesarios. Esta esperanza sigue siendo fuerte, pero no se ha cumplido, aunque se vea favorecida por la toma de conciencia, cada vez más grande, de que es hora de abolir la pena de muerte». |
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Según un informe, realizado en junio por la Asociación italiana Nadie toque a Caín, en el año 2000 fueron ejecutadas casi dos mil personas, en 18 países. Más de la mitad de estas ejecuciones tuvieron lugar en China (1.100). Después de China, Irak fue el país que ejecutó a un mayor número de personas (cerca de 400, según las autoridades de Bagdad; aunque, según la oposición, serían más de 2.000), seguido de Irán (al menos 153 ejecuciones), Arabia Saudita (121, todas mediante decapitación en público), Estados Unidos (85), Afganistán (al menos 30), República Democrática del Congo (20), Pakistán (17), Liberia (14), Jordania (8), y Cuba (6). «Por cuanto la pena de muerte sea un signo de desesperación, la sociedad civil está invitada a reafirmar su creencia en una justicia que defienda la esperanza de la ruina de los males que acechan a nuestro mundo -concluyó el representante vaticano en su intervención en el Congreso. La abolición universal de la pena de muerte sería una reafirmación decidida de la convicción de que la Humanidad puede tener éxito en la lucha contra la criminalidad y de nuestro rechazo a sucumbir a la desesperación ante esas fuerzas, y engendraría una nueva esperanza en la misma Humanidad». Europa es el único continente que ha confirmado su determinación de abolir la pena capital. El protocolo número 6 de la Convención Europea de Derechos del Hombre fue ratificado en junio de 2001 por 39 de los 43 Estados miembros de esta institución. Otros tres Estados lo han firmado: Armenia, Azerbaiján y Rusia, que aún la tiene incorporada en su legislación. Sólo Turquía sigue al margen, aunque ha demorado las ejecuciones. El protocolo número 6 entró en vigor en 1985 y prohíbe, en tiempos de paz, el recurso a la pena de muerte. Un informe del Consejo de Europa sobre la evolución de la pena capital en el mundo, desde 1962, destaca que la tendencia general ha sido a favor de la abolición, de la atenuación de las penas. |