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A. Llamas PalaciosHistoria, tradiciones y cultura permanecen dormidas en la oscuridad de iglesias y edificios milenarios de cualquier rincón de España, a la espera de que trabajadores expertos y entusiastas las saquen a la luz. Proyectos como el que lleva a cabo la asociación Adeco-Camino ayudan a valorar y demostrar el potencial de zonas rurales. En concreto, esta asociación trabaja sobre una parte (un quinto aproximadamente) de la provincia de Burgos: la comarca de Castrojeriz. Sus objetivos: revalorizar el patrimonio rural, renovar y desarrollar los núcleos rurales; fomentar las inversiones turísticas en estos espacios, y también las pequeñas empresas, actividades de artesanía y servicios. De esta forma, se han restaurado en esta zona más de 60 bienes de artesanía: pintura, escultura y retablística, junto con otros elementos singulares como las campanas de Hontanas, Sotresgudo y Castrillo de Matajudíos, las vidrieras de la colegiata de Castrojeriz y de la iglesia de Grijalba. Elementos de la arquitectura popular, y albergues de peregrinos, museos y centros culturales, fueron otros importantes centros de trabajo de la asociación en Castrojeriz. Adeco-Camino ha sido el principal patrocinador de la exposición Los misterios del Hombre, que comenzó en Sasamón, Burgos, en el año 1999, y que ha tenido su continuación en la interesante María, una mujer en el Camino de Santiago, ubicada esta vez en la colegiata de Nuestra Señora del Manzano, en Castrojeriz, y que puede visitarse hasta octubre de este año 2001. Se trata de un homenaje colectivo de todos los pueblos del arziprestazgo de Amaya a la Virgen, mediante su rico y variado patrimonio. |
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La villa de Castrojeriz se encuentra situada al oeste burgalés, en la zona de los Páramos. Sus orígenes se remontan a un castro ubicado en la cumbre y laderas del cerro. Posteriormente fue romanizado. La actual villa tiene sus orígenes en los primeros momentos de la Reconquista, y los años fueron dando a la población un desarrollo notable de la artesanía, y de acogida de peregrinos. Las obras artísticas que se pueden ver en esta exposición son tan sólo una pequeña muestra de todo lo que hay en las iglesias del arziprestazgo de Amaya. En principio, tal y como explican Alberto C. Ibáñez y René Jesús Payo, en el Catálogo de la exposición, no nacieron como obras de arte, sino que «son obras que se hicieron por la voluntad y el esfuerzo de los hombres del pasado, para que una iglesia parroquial, o monacal, o una pequeña ermita sirviera de apoyo funcional y visual al culto y, por ello, procuraron que fueran bellas y verosímiles y que, incluso, representaran en una mujer o un hombre todo el complejo sentido de la vida, en su alegría y su dolor, en sus virtudes y en algunos de sus pecados ya perdonados. Como obras de arte las vemos nosotros hoy en día, vaciándolas, en muchos casos, de su más importante contenido: el mensaje de lo trascedente». Las tareas de restauración que la asociación Adeco-Camino llevó a cabo fueron en total más de 60 obras, que datan desde el románico hasta las obras de finales de los siglos XVIII y XIX. Ya en el taller, previamente a la intervención, los restauradores reunían toda la información disponible sobre la obra, tanto bibliográfica como archivística. A esto se le sumaba el llamado trabajo de campo , en el que se estudian las condiciones físicas a las que ha sido sometida la obra y su estructura. Se procede al diagnóstico de la pieza, complementado por exámenes al microscopio y análisis químicos de los materiales que componen la obra. Intentaban, con todo esto, mantener la conservación a lo largo de los años, tanto de la obra original como de los añadidos que ésta fue sufriendo en su larga existencia. |