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J.C. RomaRoma será testigo, el próximo 21 de octubre, de un acontecimiento sin precedentes: tres hermanos asistirán a la beatificación conjunta de sus padres, el primer matrimonio elevado a la gloria de los altares. Los futuros Beatos son Luigi Beltrame Quattrocchi (1880-1951) y Maria Corsini (1884-1965), una pareja de Roma que supo hacer extraordinaria su ordinaria vida de casados, gracias al amor. El decreto de reconocimiento del milagro atribuido a su intercesión, que les abre la puerta de la beatificación, fue promulgado en presencia de Juan Pablo II el pasado 7 de julio. Se cumple así un deseo anunciado desde hace tiempo por este Papa quien, de este modo, busca proponer al mundo el ejemplo de santidad de un matrimonio. Se está analizando la causa de los padres de santa Teresa de Lisieux, pero se les ha adelantado esta pareja romana. Luigi Beltrame Quattrocchi fue un brillante abogado, con una carrera que culminó cuando fue nombrado Vice-abogado General del Estado italiano. Fue amigo personal de muchos de los políticos que, tras la segunda guerra mundial, impulsaron el renacimiento de Italia después del fascismo de Mussolini, como Alcide de Gasperi, o Luigi Gedda. Maria Corsini era profesora y escritora de temas de educación, comprometida en varias asociaciones, como la Acción Católica Femenina, y apasionada de la música. El matrimonio tuvo cuatro hijos: Filippo (hoy padre Tarcisio), nacido en 1906; Stefania (sor Maria Cecilia), nacida en 1908 y fallecida en 1993; Cesare (hoy padre Paolino), nacido en 1909; y Enrichetta, la menor, que nació en 1914. |
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Era una familia burguesa que supo abrirse a las necesidades de todos. Durante la segunda guerra mundial, por ejemplo, su piso en Roma se convirtió en centro de acogida y de alojamiento para refugiados. Sus hijos recuerdan que la vida de sus padres fue sencilla, como la de muchos matrimonios, pero marcada siempre por el sentido sobrenatural. El aspecto que caracterizaba nuestra vida familiar -recuerda el hijo mayor, el padre Tarcisio, a sus 95 años- era el clima de normalidad que nuestros padres habían suscitado en la búsqueda habitual de valores trascendentes. Enrichetta, la hija menor, que hoy tiene 87 años, destaca el cariño que se vivía en su casa: Es obvio pensar que, en ocasiones, experimentaban divergencias de opinión, pero nosotros, sus hijos, nunca pudimos constatarlas. Los problemas los resolvían entre ellos, con diálogo, de modo que una vez concordada la solución, el clima siguiera siendo sereno. La misma Enrichetta es la protagonista involuntaria de uno de los episodios más emocionantes de la vida de Luigi y Maria. El embarazo que llevó a su nacimiento se caracterizó por síntomas tan preocupantes que un famoso ginecólogo de Roma aconsejó sin tapujos el aborto para salvar la vida de la madre. Luigi y Maria, sin pensarlo dos veces, rechazaron la propuesta. En aquella época las posibilidades de supervivencia con una patología de placenta previa total , es decir, el problema que tenía mi madre, estaban en torno al 5 por ciento, explica Enrichetta. Sor Maria Cecilia, antes de morir, evocó en su diario aquellos momentos en los que tenía algo más de cinco años, con estas palabras: Recuerdo una mañana en la que, en la iglesia romana del Nombre de María, papá con nosotros tres (Cecilia, Tarcisio y Paolino) estaba fuera del confesionario. Se quedó a hablar durante mucho tiempo con el sacerdote. Quizá le explicó cuáles eran las condiciones de nuestra madre. En ese momento, se echó una mano en la frente... lloraba. Nosotros estábamos callados, tristes, asustados. Rezábamos como niños.... Al recordar ante el Papa el testimonio de esta pareja de futuros beatos, el cardenal José Saraiva Martins recordó durante la ceremonia de promulgación de los decretos: Hicieron de su familia una auténtica Iglesia doméstica, abierta a la vida, a la oración, al testimonio del Evangelio, al apostolado social, a la solidaridad hacia los pobres, a la amistad. |