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O la siguiente perla preciosa del editorial del diario El País, del pasado sábado 8 de septiembre, que llevaba por título Los obispos abusan: «La alarma social y la inquietud que esta actuación ha causado incluso en sectores sociales afectos a la Iglesia católica tienen fundamentos más sólidos. Un millar de teólogos y teólogas reunidos este fin de semana en Madrid no han dudado en calificarla de intolerante e inconstitucional. Se trata de una actuación que interfiere gravemente en el sistema de valores constitucionales que ampara el conjunto de los ciudadanos españoles y que parece responder a la idea de que la Iglesia se reserva un espacio propio en el que puede actuar como un Estado dentro de otro Estado. La Iglesia alega títulos jurídicos para determinar la idoneidad de los profesores de Religión en la enseñanza pública y proponer su nombramiento, como son los acuerdos firmados por España y la Santa Sede en 1979 y el convenio económico-laboral firmado por el Gobierno del PP y el episcopado español en 1999, en el que la Administración educativa adquiere la condición de empleador y pagador de esos enseñantes». Hay que entender que la actuación de los obispos en los casos de la no propuesta de estas profesoras de Religión, suficientemente explicados en las páginas de este número de Alfa y Omega, no vulnera los valores constitucionales, dado que nadie puede afirmar que vulneran la Constitución, estableciendo una falsa dialéctica entre norma constitucional y valor constitucional. Más allá, varios han dudado de la constitucionalidad de los Acuerdos Iglesia-Estado. Pues bien, recordemos lo que en el Diario del Congreso se recoge de la intervención del diputado Peces-Barba, del PSOE, en el momento de la discusión sobre la ratificación de los Acuerdos de Enseñanza y Asuntos culturales, de septiembre de 1979: «Tengo que decir que en relación con la constitucionalidad hicimos en los cuatro Acuerdos una serie de observaciones y modificaciones, y que todas ellas fueron atendidas o suficientemente explicadas, de tal manera que, como ya tuve ocasión de decir en la Comisión, el Grupo Socialista, a pesar de que algunos temas parciales no han quedado resueltos -creo que, en realidad, el único tema parcial que ha quedado pendiente a nivel de los Acuerdos es el del carácter fundamental de la religión como asignatura, porque los demás, a este nivel, insisto, han sido resueltos-, no se ve motivo para su abstención ni para su voto negativo». Y no debemos olvidar que, aun hoy, están pendientes por resolver, y por desarrollar, algunos de los Acuerdos pactados en 1979. Lo lógico, si es que existe ya este tipo de lógica, es que primero se cumplan, y luego se ratifiquen. |
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Y, ahora, de la ética a la estética. Juan Manuel de Prada, vate del buen saber y del buen decir, escribió el pasado lunes en el diario de Prensa Española una Apoteósis del estridentismo, que no tiene pérdida. Leamos: «El sensacionalismo, el amarillismo, todas aquellas estrategias charcuteras que postulaban la deformación cochina de la realidad, palidecen ante las nuevas técnicas desarrolladas por los medios de adoctrinamiento de masas. Al menos, aquellas antiguas tretas del periodismo se sustentaban sobre la existencia de una noticia, o siquiera de un atisbo de noticia, que se engordaba con delirantes y calumniosas carnazas. Ahora la treta consiste en inventar, en producir la noticia, y en cocinarla muy cuidadosamente, para que su irrupción en la realidad provoque un clima de histeria disparatada y estridente; no hace falta añadir que esta invención nunca es ingenua, sino que anhela la ruina de personas o instituciones, apelando a los bajos instintos de la masa manipulada, a sus sentimientos más ofuscados, a veces mediante coartadas dudosamente compasivas. Ejemplos de este estridentismo los hay a patadas; pero sin duda una de sus víctimas más asediadas, por razones de odio atávico o simple ojeriza cantamañanas, es la Iglesia católica. Nada más higiénico y saludable que mantener sobre la Iglesia una labor vigilante de escrutinio que repruebe sus abusos de poder; nada tan abyecto y demagógico como someter a zafarrancho periodístico el uso legítimo de sus atribuciones (...) A esta munición de argumentos turulatos ha contribuido, incluso, este periódico con un editorial en el que se fundamentaba el rapapolvo a los obispos en razones de conveniencia social y en la aplicación urbi et orbi del artículo 14 de la Constitución. Aprovechando este clima de estridentismo, mañana podría encontrar apoyo en los medios de adoctrinamiento de masas un soldado profesional que, tras jurar bandera, se negase a empuñar un arma y fuese expulsado del Ejército. ¡Igualdad a granel, que la Constitución nos ampara!» Mayores cosas veremos, amigo lector. |