RetrocesoA&ONº 272/13-IX-2001SumarioAqui y ahoraContinuar
Clausura del Encuentro interreligioso de San Egidio en Barcelona
El escándalo de la división
Cardenales, ministros no católicos, rabinos, imanes, popes, monjes budistas y dignidades sintoístas,
entre otros, se han reunido en el encuentro interreligioso convocado por la Comunidad
de San Egidio en Barcelona. Este encuentro se ha clausurado con la lectura de una carta
de Juan Pablo II y de un manifiesto que ponen fin a días de intensos coloquios

En 1986 Juan Pablo II invitó a Asís a sus hermanos cristianos y a lo responsables de las grandes religiones mundiales a orar por la paz; «los unos junto a los otros y no los unos contra los otros». El Pontífice tenía una imagen: la de «todos los pueblos del mundo congregándose ante el único Dios, como una sola familia». Sería la primera vez que representantes de diversas religiones del mundo se encontraran juntos.

Este encuentro, esta imagen, que por entonces había vislumbrado Juan Pablo II se hizo realidad en 1986 y se sigue realizando cada año, con este mismo objetivo y en diferentes ciudades. El encuentro celebrado en Barcelona del 2 al 4 de septiembre constituye la decimoquinta edición de estas citas comenzadas en Asís hace 15 años.

Andrea Riccardi, fundador de la Comunidad de San Egidio, movimiento católico surgido en 1968 que organiza estos encuentros, enumeró en su discurso conclusivo los puntos calientes necesitados de paz en el mundo. Junto a África, Europa, Jerusalén y Tierra Santa, mencionó las riberas del Mediterráno, e incluso la misma España. El terrorismo de ETA ha sido un tema tratado durante los tres días del encuentro en Barcelona. Andrea Ricardi afirmó que están preocupados por todos los fundamentalismos religiosos y étnicos, porque saben la relación estrecha que puede haber entre fundamentalismo y terrorismo; «un Estado democrático tiene todo el derecho a pedir el fin de la violencia antes de iniciar el diálogo», comentó acerca del problema vasco.

Juan Pablo II se hizo presente en la clausura de este encuentro de líderes religiosos con un mensaje que fue leído ante 150 líderes religiosos ubicados en un estrado y ante 2.500 personas presentes en la plaza. Junto a la carta del Pontífice se leyó también un manifiesto final por la paz firmado por todos los dirigentes religiosos que han participado en la cumbre.

«El diálogo entre las diversas religiones -afirma el Pontífice-, no sólo aleja el espectro funesto de las guerras de religión que han bañado de sangre tantos períodos en la historia de la Humanidad, sino que establece sobre todo condiciones más seguras para la paz». «Todos nosotros, como creyentes, tenemos un deber grave y al mismo tiempo apasionante, además de urgente: el nombre del único Dios tiene que ser cada vez más, como ya es de por sí, un nombre de paz y un imperativo de paz».

En este encuentro han participado 600 representantes de diferentes credos unidos por un lema: Las fronteras del diálogo: religiones y civilizaciones en el nuevo siglo.

Antes de despedirse de los participantes, el Pontífice lanzó un emocionado llamamiento a favor de la unidad plena entre los cristianos, divididos en diferentes comunidades e Iglesias: «Que el tercer milenio sea el de la unión en torno al único Señor: Jesucristo. Ya no se puede tolerar más el escándalo de la división: es un no repetido al amor de Dios. Demos voz a la fuerza del amor que Él nos ha mostrado para tener la audacia de caminar juntos».