RetrocesoA&ONº 272/13-IX-2001SumarioDesde la feContinuar
Punto de Vista
Dignidad de la persona y clonación

Quizás sería conveniente convencerse de que el debate actual sobre la clonación es un falso debate. Sencillamente porque la opinión pública no puede saber qué es.

Tal y como ha explicado la doctora López Barahona, la clonación es una auténtica revolución. No se trata de cultivar unas células para obtener otras idénticas, sino de una manipulación que consiste en enuclear un óvulo y en depositar después en el lugar del núcleo una célula capaz de engendrar otras células no idénticas. Se obtiene así un híbrido de esta segunda, genéticamente idéntico. Para esta manipulación no son necesarios espermatozoides. De este modo, lo que se ha producido es una escisión en el origen mismo de la vida. Es algo así como la fisión del átomo. Sólo que aquí no se trata de materia inanimada sino de la vida animal y de la vida humana. Sin entrar en detalles científicos, creo sin embargo útil poner en evidencia algo que está oculto en el fondo de este problema que se le ha venido encima a la sociedad actual, y que es lo que debería realmente ser el objeto de reflexión. Porque no hay que engañarse: la manera de abordar la clonación resulta injusta e inadecuada con la naturaleza del hombre, y ello es así porque se hace desde la perspectiva unilateral y forzada del liberalismo filosófico, el cual rechaza toda referencia exterior al hombre. El liberal en sentido filosófico, como nos dice el empresario francés Francois Michelin, es aquel que se cree el ombligo del mundo; en lugar de abrirse al otro, se encierra en sí mismo como una ostra y se toma por Dios. No otra es la actitud que pone de manifiesto esta absurda, vertiginosa y vergonzosa carrera de las manipulaciones genéticas.

Es cierto que alrededor de las investigaciones de la biología actual puede haber, y de hecho hay, un noble empeño por luchar contra enfermedades hasta ahora imposibles de tratar. Pero no lo es menos que detrás hay también un enorme negocio. Por eso conviene que no seamos ingenuos.

Al hombre actual le sobran conocimientos científicos para lograr los mismos objetivos, pero respetando la dignidad del origen del ser humano. Le sobran posibilidades para, por ejemplo, cultivar células-madre. Pero el hombre del liberalismo filosófico no lo quiere así. Se trata de encontrar la solución por donde el hombre dice y no por donde Dios puede querer indicar con el común respeto a las leyes de la naturaleza. Se trata de aprovechar otra ocasión más para poner de manifiesto que el hombre no recibe su dignidad de Dios sino que se la da él a sí mismo. La naturaleza humana, la vida humana, no es sino lo que la ciencia misma del hombre dice que es. No es, pues, sorprendente que en este debate se trate de fijar también, por convención científica, qué sea naturaleza humana. No nos engañemos tampoco ahora. Se trata de límites que se fijan solamente por ahora. Podemos hacernos los sordos o mirar para otro lado, pero en realidad los hombres no estamos precisamente de enhorabuena.

Javier Montero