RetrocesoA&ONº 272/13-IX-2001SumarioDesde la feContinuar
En directo, desde Nueva York
El día interminable

El ataque terrorista de hoy en contra de los Estados Unidos ha sido más simbólico que militar. Y después que pasen las horas de este día interminable los americanos se irán despertando al significado de lo que ha pasado. El ataque a los centros financiero y militar del país no puede explicarse sólo en términos de la situación en el Medio Oriente, sino que representa el profundo odio que despierta esta única super-potencia mundial.

Es algo que vá mas allá de intereses políticos particulares. No es accidental que el país ha sido llamado el Gran Satanás. Estamos ante un odio religioso, y los conflictos religiosos se pelean a través de una guerra de símbolos. Para los que odian a los Estados Unidos, las Torres Gemelas de Manhattan y el Pentágono en Washington son símbolos de la naturaleza infernal del poder de este país. Desde este punto de vista, el ataque de hoy ha tenido un gran éxito. El Monstruo ha sido humillado y paralizado. Su terrible poder no ha podido protegerlo.

Para el pueblo americano, esto es difícil de comprender. Éste es el pueblo que se considera el más religioso del mundo. Su símbolos no son ni las Torres Gemelas ni el Pentágono, sino la Estatua de la Libertad, y, sobre todo, la libertad religiosa que estos terroristas religiosos nunca podrán comprender. El ataque a las Torres Gemelas sucedió a plena vista de la Estatua de la Libertad. No me sorprendería si alguno dijese que la vieron cubrir su rostro. Pero poco después, por la televisión, en vistas desde el aire en un día bellísimo, la Estatua se veía en la bahía mientras al otro lado el humo cubría el espacio donde habían estado las Torres Gemelas. Se habían equivocado los terroristas. El símbolo de este país sigue brillando, sosteniendo las esperanzas para el futuro.

Lorenzo Albacete
columnista del New York Times