RetrocesoA&ONº 272/13-IX-2001SumarioDesde la feContinuar
¿Quo vadis?:
Una pregunta siempre actual

Juan Pablo, II asistió recientemente, en la Sala de Audiencias del Vaticano, a la presentación mundial de la película polaca ¿Quo vadis?, de Jery Kawalerowicz. Tras expresar su más vivo reconocimiento, felicitó al director, por haber realizado un trabajo de amplias miras, que demuestra la actualidad de la novela de Henryk Sienkiewicz, escrita hace más de un siglo, por la que ganó el Premio Nobel en 1905.

«Esta nueva adaptación cinematográfica -dijo el Papa- ha sido realizada con motivo del año 2000. Durante el gran Jubileo, Cristo ha recorrido de nuevo las calles de Roma y de todo el mundo. Y nosotros le hemos repetido las palabras del apóstol Pedro, transmitidas por san Ambrosio: Domine, ¿quo vadis? -Señor, ¿a dónde vas?- Jesús, como entonces, nos ha respondido: A ser crucificado de nuevo . Es decir, vengo a renovar mi don de salvación a todos los hombres, en la aurora del tercer milenio. En esta perspectiva asume un profundo significado la intención del director de replantear la pregunta de Pedro como dirigida al hombre contemporáneo: ¿Quo vadis, homo? -Hombre, ¿a dónde vas?- ¿Vas hacia el encuentro con Cristo, o sigues otros caminos que te llevan lejos de Él y de ti mismo?

Este interrogante impresiona más aún si se considera que el lugar en el que nos encontramos es precisamente en el que hace dos mil años acontecieron algunos de los hechos narrados por la novela y por el filme ¿Quo vadis? Nos encontramos en el área del circo de Nerón, donde muchos cristianos sufrieron el martirio, incluido san Pedro. Ese mismo obelisco, que entonces se encontraba en medio del circo, y que desde el siglo XVI se yergue en la plaza de San Pedro, corazón del mundo católico, es testigo mudo de aquellos acontecimientos, trágicos y gloriosos. El obelisco se encuentra coronado por la Cruz, como queriendo recordar que cielo y tierra pasarán, con los imperios y los reinos humanos, pero Cristo permanece: Él es el mismo: ayer, hoy y siempre.

Una evaluación artística del filme la realizarán, dentro de poco, los críticos. Yo quiero sólo agradecer el cuidado con que ha sido realizado --cuidado no sólo por la obra maestra de Sienkiewicz, sino, sobre todo, por la tradición cristiana, de la que nace--. No se puede comprender el actual contexto de la Iglesia y de la espiritualidad cristiana sin regresar a las vicisitudes religiosas de los hombres que, entusiasmados por la buena nueva de Jesucristo, se convirtieron en sus testigos. Hay que regresar a aquel drama para que surja la pregunta: ¿se verifica en mí algo de aquel drama? La película ¿Quo vadis? hace posible regresar a esta tradición emocionante y ayuda a identificarse con ella».