RetrocesoA&ONº 272/13-IX-2001SumarioEl Día del SeñorContinuar
Evangelio

En aquel tiempo se acercaban a Jesús los publicanos y los pecadores a escucharle. Y los fariseos y los letrados murmuraban entre ellos: «Ése acoge a los pecadores y come con ellos».

Jesús les dijo ésta parábola: «Si uno de vosotros tiene cien ovejas y pierde una, ¿no deja las noventa y nueve en el campo y va tras la descarriada, hasta que la encuentra? Y cuando la encuentra, se la carga sobre los hombros, muy contento; y al llegar a casa, reúne a los amigos y a los vecinos para decirles: ¡Felicitadme!, he encontrado a la oveja que se me había perdido. Os digo que así también habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse. Y si una mujer tiene diez monedas y se le pierde una, ¿no enciende una lámpara y barre la casa y busca con cuidado, hasta que la encuentra? Y cuando la encuentra, reúne a las vecinas para decirles: ¡Felicitadme!, he encontrado la moneda que se me había perdido. Os digo que la misma alegría habrá habrá entre los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta».

También les dijo: «Un hombre tenía dos hijos; el menor dijo a su padre: Padre, dame la parte que me toca te la fortuna. Juntando todo lo suyo, emigró a un país lejano, y allí derrochó toda su fortuna viviendo perdidamente. (...) Recapacitando entonces, se dijo: ¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muerro de hambre! Me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: "Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; yo no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros". Cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió; echando a correr, se le echó al cuello y se puso a besarlo. El padre dijo a sus criados: Sacad en seguida el mejor traje, y vestidlo; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y matadlo; celebraremos un banquete, porque este hijo estaba muerto, y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado...»

Lucas 15, 1-32