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Tanto juego de palabras y falta de voluntad constructiva fue lamentado por monseñor Martin, Observador permanente de la Santa Sede ante la Oficina de las Naciones Unidas en Ginebra: «Al final, cada Estado ha venido aquí a defender sus propios intereses».Exhortó a un planteamiento valiente y comprometido con la verdad, a la altura de la magnitud del problema. Porque «el racismo -dijo- es un concepto inventado deliberadamente para crear división en la Humanidad. Esta Conferencia debe centrarse en la verdad: la verdad concerniente a la unidad fundamental de la familia humana». Necesaria es la «purificación de la memoria», que «analicemos con honradez nuestra historia personal, comunitaria y nacional y reconozcamos aquellos aspectos menos nobles que han contribuido a la marginación de hoy, para de esa manera reforzar nuestro deseo de hacer de la era de la globalización una era de encuentro, incorporación y solidaridad». Porque el racismo sigue vigente hoy, y está en el origen o sirve para justificar todo tipo de abusos. Como ejemplo, recordó que «los emigrantes, sobre todo aquellos que vienen de un contexto cultural diferente, pueden ser fácilmente objeto de discriminación racial, de intolerancia, de explotación y de violencia». FALSOS ÍDOLOS Las raíces del racismo, decía en un comunicado el cardenal Van Thuân, Presidente del Consejo Pontificio de Justicia y Paz, «se encuentran en el prejuicio y en la ignorancia, frutos ante todo del pecado, pero también de una educación errónea e insuficiente». De ahí el «papel insustituible de las religiones, y en particular de la fe cristiana, en materia de educación en el respeto de los derechos del hombre: una correcta enseñanza religiosa permite alejar falsos ídolos como el nacionalismo y el racismo». Y, cómo no, el dinero, el egoísmo de unos pocos que, conscientemente o no, relega a la marginación al resto. Hoy -advertía- asistimos a dos «grandes fracturas: la de una pobreza cada vez más dramática, unida a la de la discriminación social, y una más nueva, y menos denunciada, que afecta al ser humano no nacido, sometido a experimentos (a través de las técnicas de procreación artificial, la utilización de embriones sobrantes, la clonación terapéutica...) El riesgo de una forma inédita de racismo es sumamente real, pues el desarrollo de estas técnicas podría llevar a la creación de una subcategoría de seres humanos destinada esencialmente al confort de algunos. Nueva y terrible forma de esclavitud. Poderosos intereses comerciales querrían aprovechar esta latente tentación eugenésica». El cardenal no eludió tampoco entrar en algunas de las cuestiones que dividen a países ricos y pobres, como la petición de perdón y reparación por parte de los países que se sirvieron de la esclavitud. La Santa Sede no quiso proponer soluciones técnicas, pero sí animó a las Delegaciones de los 130 países a buscar soluciones auténticas que pongan fin a las discriminaciones y a comprometerse con «la verdad y la justicia». Muchas palmaditas en la espalda recibió la Delegación vaticana, pero, al final, la lógica que se impuso fue otra bien distinta. Ricardo Benjumea |