RetrocesoA&ONº 272/13-IX-2001SumarioRaícesContinuar
El profesor José María Martínez Frías hace un estudio
exhaustivo sobre la historia del convento salmantino de Las Isabeles
Salamanca oculta
de la mirada del hombre
Generaciones de religiosas han vivido tras los grandes muros del convento de Santa Isabel,
de Salamanca, durante siete siglos. Vidas enteras dedicadas a la contemplación,
desde la Baja Edad Media, han acumulado arte y documentos históricos de incalculable
valor que hoy el profesor José María Martínez Frías ha recogido en el valioso libro La Salamanca oculta.
Vida y arte en el convento de Santa Isabel. En él, numerosas láminas y documentos gráficos
explican los sucesos, la vida, las anécdotas y el arte que celosamente custodian las religiosas
de este típico convento salmantino desde su fundación, en el siglo XV
A. Llamas Palacios
Que hay una Salamanca oculta resulta evidente. Pero una buena parte de ella no está escondida, encubierta o clausurada. Aparece simplemente velada para quienes no se dignan mirarla. Y es que no es posible ocultar un templo, por pequeño que sea, o una tapia conventual, sobre todo cuando se encuentran en el cogollo de la ciudad, a menos de doscientos metros de su Plaza Mayor, que es lo que sucede con Las Isabeles, denominación consuetudinaria y abreviada que dispensan los salmantinos al convento de Santa Isabel». Con estas palabras prologa don Alberto Estella el libro La Salamanca oculta. Vida y arte en el convento de Santa Isabel, escrito por don José María Martínez Frías.

Son palabras certeras, que sitúan al lector ante un libro poco común. Esta obra muestra, a través de numerosas láminas y de una amplísima documentación histórica, la trayectoria del convento de Santa Isabel de Salamanca, un edificio ubicado en pleno centro de la ciudad castellana, en la calle que hoy día lleva su nombre: Las Isabeles.

Casi todos los autores coinciden al fechar la fundación de este convento alrededor del año 1440, siendo obispo de Salamanca don Sancho de Castilla. Costeado por el linaje Solís de la ciudad, en una época en la que la nobleza tenía gran auge y controlaba grandes recursos humanos y financieros. El modo que tenía esta elevada clase social de dar a conocer su riqueza era, en muchas ocasiones, construir bajo su mecenazgo suntuosos edificios que pusieran de relieve su poder. En el caso del convento de Santa Isabel, fue doña Inés Suárez de Solís quien acudió al entonces obispo de Salamanca, para realizar la fundación. El convento fue consagrado a santa Isabel de Hungría, Patrona de las religiosas de la Tercera Orden de San Francisco.

La historia de este convento, que sufrió, durante sus ya siete siglos de vida, incendios, guerras, desamortizaciones o reconstrucciones, entre otros muchos vilipendios, se relata en este volumen con detalle. Y no sólo las dificultades por las que transcurre su historia, sino también anécdotas y sucesos de la vida cotidiana que han sido plasmados en los legajos y documentos hoy recolectados por el profesor Martínez Frías. De esta manera, se puede conocer que, en el primer tercio de siglo, el convento de Santa Isabel de Salamanca tuvo un protagonismo importante, hasta el punto de que fue la sede desde donde partieron las seis primeras religiosas hacia América, con la misión de fundar el primer convento de monjas en el Nuevo Mundo, concretamente en Méjico.

El convento de Santa Isabel constituye hoy, tal y como explica el autor del libro, uno de los pocos ejemplares conservados de los muchos que poseyeron las Órdenes mendicantes en la Baja Edad Media en Castilla. El templo es el núcleo vertebrador del conjunto monasterial. Las dependencias básicas del convento se articulan en torno al claustro, situándose, en la primera planta, el refectorio y la, hasta hace poco, sala de trabajos de la comunidad. Las celdas se encuentran en el piso alto.

La capilla mayor ha planteado muchas dudas acerca de su cronología. Algunos autores mantienen la tesis de que su apariencia románica exterior, unida al hecho de que el convento se dispusiera en casas que habían pertenecido a la Orden de los Templarios, implica que el templo es una construcción que aprovecha un edificio de esta Orden. La opinión de que la capilla data del año 1200, aproximadamente, también ha sido un planteamiento muy apoyado hasta que el profesor Martínez Frías ha expuesto la teoría, basada en una bula de la época, de la que se deduce que la iglesia se construyó en el siglo XIV. En dicha capilla se pueden ver seis tumbas que la convierten en un verdadero panteón de los fundadores, y un retablo mayor que, según el profesor, revela parentesco con el arte del tallista Miguel Martínez, del siglo XVIII, considerado hoy como uno de los mejores tracistas rococós salmantinos.

La riqueza artística del convento, con su iglesia, los sepulcros, los retablos o el coro del convento, que constituye hoy una de las joyas artísticas de Salamanca, son algunos de los aspectos que con más detalle analiza el autor del libro, sin olvidar las esculturas, entre las que destacan dos imágenes exentas del Niño Jesús, y otra de san Juanito, los cálices, las pinturas, los libros del coro, o las custodias, entre otras pertenencias del convento, que son descritas con todo lujo de detalles.

Además, José María Martínez Frías explica a los lectores curiosos de este libro cómo es la vida oculta del convento de Las Isabeles. Cómo se organiza la vida diaria de las 15 religiosas que actualmente habitan este antiquísima joya histórica, cuya vida transcurre tranquila, al lado de la Plaza Mayor por la que pasan a diario tantos salmantinos sin saber que, muy cerca, 15 mujeres velan y rezan por todos ellos.

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