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Qué la paz, la verdadera paz que sólo viene de Jesús, esté con todos ustedes aquí, en la clínica Dator!Escribo esta carta para compartir con ustedes algo de mis experiencias, porque ésta es realmente la primera vez que he podido orar de manera continuada frente a una clínica abortiva. Y gracias a ello ha habido una gran conversión en mi corazón. Estoy segura de que muchos de ustedes me recuerdan orando frente a su centro abortivo hace algunos meses. Sólo era un sencillo testigo de la vida para todos ustedes y para nuestros hermanos y hermanas prenatales y sus madres y padres. Durante los dos últimos meses he estado fuera de Madrid y he tenido mucho tiempo para reflexionar sobre mis experiencias. Hay tantas que sólo voy a compartir con ustedes dos de ellas, sin mucho detalle. La primera (de hecho hubo muchas similares a ésta) fue justo después de un aborto. Sucedió cuando la madre de un bebé muerto con aspecto muy triste salía por la puerta sujetando su estómago; mi corazón se lamentó con el suyo. Intenté hablar con ella para darle algo de amor y de paz de Jesús. Pero ella no quería aceptar nada. Estoy segura ahora, mientras escribo esto, de que ella está todavía muy dolida psicológicamente y emocionalmente sin su bebé, que fue concebido por la gracia de Dios, nuestro Creador. |
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La segunda tuvo lugar cuando una pareja estaba a punto de entrar a su centro abortivo. Mientras yo rezaba, les ofrecí un par de octavillas. Ellos las tomaron antes de entrar. Y mientras ellos se detenían un instante frente a las puertas, yo continuaba rezando. Cuando los miré, vi que la mujer lloraba. Yo continué rezando, y entonces vi a ambos marchándose y a la mujer llorando mucho más fuerte. Mi corazón se lamentaba con el de ella y el de su novio. No estoy muy segura por qué estuvieron a punto de entrar a su centro, pero todo lo que sé es que ellos no entraron, y algo la conmovió lo bastante para empezar a llorar. Ahora, con estas experiencias que he compartido con ustedes, y con las otras que he vivido, sé que es necesario dar a las mujeres este bello testimonio de vida frente a los centros abortivos. El motivo es que en ellas hay una preciosa vida que es verdaderamente un ser humano único, individual, que nunca se repetirá. Es una nueva persona que ha sido creada ¡¡¡Qué regalo!!! Quiero terminar diciéndoles, antes de regresar a Estados Unidos, que todos ustedes y la gente que entra a su centro estarán siempre en mi corazón, mientras elevo mi corazón, en oración. ¡Qué Dios les bendiga a todos! Con el deseo de hacer posible el precioso regalo de la vida, y con la paz y el amor de la Sagrada Familia, Jesús, María y José, les saluda Amy |