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Es una obligación inexcusable y un deber de justicia que mis primeras palabras como sacerdote (fuera de la liturgia) sean una sincera acción de gracias. Acción de gracias dirigida en primer lugar a la Santísima Trinidad. Gracias, Dios Padre Todopoderoso, por haberme creado y por haberme dado la vida en este momento concreto de la Historia, en este preciso lugar del mundo, en esta familia. Gracias por tu infinita misericordia, pues habiéndote ofendido yo tantas veces, tantas veces me has perdonado Tú y me sigues amando a pesar de todo. Gracias, Dios Hijo, Verbo encarnado, mi Dios y mi Señor. Tú te has hecho hombre por mí, has muerto en la cruz por mis pecados, has resucitado para vencer sobre la muerte. Gracias por haberme redimido a precio tan alto (Tú me dices: «Vales el precio de mi Sangre, el precio de mi Vida»). Gracias por haber puesto tus ojos sobre mí y haberme amado. Gracias por haberme elegido desde toda la eternidad para ser tu sacerdote, tu siervo. Gracias por permitirme acercarme a tu Altar y pronunciar tus mismas palabras para hacerte así presente realmente, sacramentalmente entre nosotros. Gracias por haberme escogido para ser dispensador de tus gracias, especialmente de tu Cuerpo y de tu Perdón. Gracias por haberme configurado contigo, sacerdote, profeta y rey. Gracias por la confianza que has depositado en mí al designarme para tu servicio, a pesar de mis infidelidades. |
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Hace unos días mis padres me mostraron una hermosa casulla, regalo de unos amigos; y tanto me insistieron que me la probé unos instantes. Les hacía mucha ilusión verme así, y enseguida dijeron: «¡Qué bien te queda! ¡El tamaño justo!...» Yo, por dentro, estaba pensando: «Me queda grande; me queda grande; soy demasiado pequeño». Jesús, normalmente los trajes se hacen a la medida de las personas; pero el traje de sacerdote eres Tú, Cristo mío, y Tú no cambias. Si, pues, el traje me queda grande, Señor mío, hazme crecer a tu Imagen para llegar a tener el tamaño adecuado, para llegar a ser santo. Gracias, Dios Espíritu Santo, que te encargas de dirigir mi vida con tus suaves inspiraciones y tus toques de amor. Gracias por haberme conducido hasta aquí, por darme tu fuerza, tus dones, por ser la voz clara de Dios en mi conciencia. Muchas gracias, papá y mamá, Susana y Fernando, por vuestro cariño, vuestro apoyo, vuestras oraciones, vuestro ejemplo. Gracias emocionadas también a mi hermana Almudena, médico misionera en Venezuela. Infinitas gracias a Servi Trinitatis, institución a la que pertenezco por pura gracia, a todos mis hermanos. No puedo dejar de dar gracias a la Acción Católica de Cuenca, a esta comunidad parroquial de Pozuelo, y a tantos familiares y amigos. Por último, y te he dejado para el final con toda la intención, gracias, María. Gracias porque desde el primer momento te encomendé la custodia de mi vocación y has cumplido tu misión con creces. Gracias porque ha sido tu fiat, tu sí, el que ha hecho posible que hoy sea yo quien haya dicho «hágase en mí tu Palabra». Gonzalo Javier Seco |