RetrocesoA&ONº 273/20-IX-2001SumarioAqui y ahoraContinuar
Cáritas quiere que se siga
hablando de deuda externa
Ha concluido la campaña Deuda externa, ¿deuda eterna?, promovida por Manos Unidas,
Cáritas, Confer y Justicia y Paz, al hilo de la petición del Santo Padre en la convocatoria
del gran Jubileo del año 2000. En España, nuevo rico en la comunidad internacional,
se han recogido más de un millón de firmas en apoyo de la condonación de la deuda
y se han celebrado diversas movilizaciones ciudadanas. Pero el trabajo sigue. Cáritas será
la encargada de hacer el seguimiento de las cuestiones pendientes: en primer lugar,
la tramitación parlamentaria de una ley para un tratamiento diferente de la deuda externa,
el cumplimiento por parte del Gobierno de los compromisos internacionales asumidos,
y el apoyo a un foro que reúna a países acreedores y deudores en condiciones de cierta ecuanimidad

Primero hizo falta indagar sobre el estado de la cuestión. La falta de transparencia era casi total, pese a que algunos politólogos, como Carlos Gómez Gil, habían denunciado intolerables abusos, como que buena parte de las ayudas a países en desarrollo se hubieran dedicado a financiar exportaciones de armamento español. La estrategia consistió en concienciar no sólo a la opinión pública acerca de la problemática de la deuda externa. «En esta primera parte -dice el comunicado de Cáritas que pone fin a la Campaña- fue necesaria también una labor puramente educativa con los grupos políticos, a la vista de su escaso conocimiento del problema y del incipiente interés que por entonces suscitaba dicha cuestión». En 1998, comenta el coordinador de la campaña, don Jaime Atienza, «se gestionaba la deuda desde una pequeña subdirección en el Ministerio de Economía, que funcionaba prácticamente como un banco que negociaba con los clientes». Grave error: «La deuda no es sólo un problema financiero, es un problema humano». La deuda externa hipoteca el crecimiento de muchas naciones e impone pesados fardos a las nuevas generaciones, que nacen debiendo ya cantidades millonarias. Para un país con bajos presupuestos, eso significa, entre otras cosas, la paralización de inversiones productivas y la congelación de programas sociales, además de mermar su capacidad de acción en el comercio mundial.

Que los grupos políticos hayan incluyido el asunto de la deuda en sus agendas y que algunos -PSOE, CiU, IU- hayan incluso recogido algunas de las propuestas de la Campaña en sus programas electorales es motivo de estímulo para Cáritas. Entre las decepciones, destaca el bloqueo por parte del Grupo Popular a las inciciativas del resto de las formaciones, y la no respuesta a la petición ciudadana, avalada por las más de un millón de firmas recogidas por la Campaña, sobre tratamiento y condonación de la deuda externa. De ahí que, para Cáritas, «a la vista de la experiencia y dado el presente mapa parlamentario, las posibilidades de obtener respuesta positiva a las propuestas de la Campaña siguen siendo bastante inciertas».

UN NUEVO FORO


Éste será uno de los temas en los que más hincapié hará Cáritas: la tramitación de una nueva ley para la deuda, que, de entrada, modifique el planteamiento de la ayuda exterior española: «Se invierte la lógica de la ayuda», dice Atienza. «Se parte de los excedentes españoles, de los intereses de la economía española, y no de las necesidades del país receptor». Y, aunque reconozca que se ha avanzado en la transparencia de la ayuda, «sigue sin hacerse un esfuerzo para evaluar la eficacia y el impacto social de los proyectos realizados», lo que no pocas veces ha permitido que el destino de los fondos no sea precisamente el más adecuado. Junto a ello, Cáritas propone que se recurra con mayor frecuencia a la conversión de la deuda a inversiones en la promoción del desarrollo social básico, y que se abra un diálogo continuado entre los partidos políticos y la sociedad civil en el diseño de una política española de ayuda al desarrollo. No dejará tampoco Cáritas de vigilar el cumplimiento asumido por el Gobierno español en distintos foros internacionales, en especial el relativo a la condonación de la deuda a los Países Altamente Endeudados.

Pero, del mismo modo que la Campaña jubilar se insertaba en el marco de acciones desarrolladas a nivel mundial, también ahora se coordinarán distintas acciones con organizaciones de otros países. La propuesta más atrevida es la creación de un nuevo foro en el que países deudores y acreedores se sometan a procedimientos de arbitraje para la renegociación de la deuda. El Club de París, donde se reúnen los Estados acreedores, entre ellos España, no sirve: «Les une el interés de maximizar sus cobros y no permiten que se escuche la voz de los deudores, que no pueden recurrir las decisiones ante ninguna instancia. Sólo los acreedores, juez y parte, pueden decidir».

Hay, además, iniciativas interesantes en el disperso movimiento que persigue un modelo distinto de globalización, a menudo caracterizado en la prensa sin más como antiglobalización. Muy interesante para Atienza es la tasa Tobin, que propone gravar los movimientos de capital a corto plazo con una pequeña tasa, por ejemplo del 0,1%, y con ello desincentivar movimientos especulativos como el que se ha cebado en los últimos meses con Argentina, o como el que -los países ricos tampoco se libran- consiguió expulsar a la libra esterlina del Sistema Monetario Europeo. «No tratar siquiera de ponerla en marcha, pese a que presente dificultades técnicas, significa que los operadores que buscan beneficios a corto plazo y sin importar sus repercusiones sociales no necesitan rendir cuentas ante nadie». Ahora bien, «junto a las presiones a los países ricos, instrumentos como la condonación de la deuda deben utilizarse para conseguir avances en la democratización en los países receptores».

Lo que en ningún caso hay en las relaciones Norte-Sur es igualdad entre los actores: los países ricos crean las normas. Por eso es de vital importancia para Cáritas la concienciación de la opinión pública en los países ricos, como España: «Crear una masa crítica de ciudadanía activa y comprometida, que demande realmente una mayor relevancia para cuestiones como la deuda externa o la lucha contra la pobreza, y cuya presión y participación sea sostenida en el tiempo. Situar estas cuestiones en la agenda política y en la preocupación social, más allá de la tendencia estrictamente donacionista de la sociedad española», de las movilizaciones ciudadanas que nacen al calor de las imágenes de terremotos y de catástrofes similares, «constituye un reto de primer nivel para las ONG y movimientos sociales».

Ricardo Benjumea