RetrocesoA&ONº 273/2013-IX-2001SumarioDesde la feContinuar
No es verdad
Escalofriante estallido de bestialidad»: así califica Stefan Zweig en El mundo de ayer la irracional brutalidad del nazismo. Estos días se ha escrito, y con razón, que lo ocurrido el 11 de septiembre en Estados Unidos ha sido «el ataque más grave a la libertad desde el nazismo»; de modo que lo primero que exige la justicia es afirmar tajantemente que esa barbarie es una ignominia y una vergüenza para la Humanidad, y otro escalofriante estallido de bestialidad y, por encima y antes que un deleznable ataque a la libertad, es, como ha dicho Juan Pablo II, una humillante afrenta a la dignidad del ser humano, que nada ni nadie puede justificar por razón alguna.

Dicho esto con toda claridad, no es de menos justicia recordar -Marías acaba de hacerlo en una Tercera de ABC- los ochocientos mil muertos del genocidio en Ruanda; fueron una afrenta mayor a la dignidad del hombre, y ni se habló de tercera guerra mundial ni la Historia dio un vuelco con un antes y un después de. Y también hay que decir, por políticamente incorrecto que sea, que el genocidio diario del aborto y su aceptación social como algo normal es, desde luego, una intolerable y constante herida y humillación de la dignidad del ser humano; y también las hambrunas y las injusticias y esclavitudes cotidianas a las que está sometida media Humanidad, suicida e increíblemente aceptadas como normales y que hacen que los niños hagan preguntas como la de la viñeta que ilustra este comentario.

A ver si nos entendemos: si alguien cree que lamenta más que yo la barbarie de lo ocurrido en Estados Unidos, se equivoca. Creo sinceramente que el mejor modo de honrar a las víctimas, además de lo primero de todo, que es rezar por ellas, es afirmar que nada tiene que ver con la verdad ni es de recibo, una cierta ideología dominante que hace posible tanta incoherencia e hipocresía: los queridos seres humanos, americanos o no, cuya vida ha sido absurda e intolerablemente masacrada estos días, no eran más seres humanos que los hutus y los tutsis ni que los concebidos a los que no se les deja nacer, y ya está bien de bailarle el agua al alucinado fanático terrorista -que eso es lo que él busca-. Frente a la barbarie que todos hemos vivido con angustia en directo estos días -y en la que, por cierto, se ha demostrado que el ser humano es capaz de la mayor abyección y del mayor heroísmo-, no cabe la impunidad; debe hacerse justicia, pero no venganza ni guerra mundial como dice medio mundo; los niños afganos, por ejemplo, no tienen la culpa de nada.

Gonzalo de Berceo