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Spielberg, creador de títeres tecnológicos: así titula el diario católico italiano Avvenire su crítica de lo que «iba a ser el acontecimiento del año, más que de esta edición del Festival de Venecia». «Sea por la fría acogida por parte de la crítica y el público en los Estados Unidos, sea por la falta de Steven Spielberg que envió sólo un doble suyo electrónico por video para excusar su ausencia, Inteligencia artificial, ha sido acogida por una lluvia de silbidos por parte de la platea de críticos y periodistas. Esta relectura tecnológica y futurible de Pinocho, que inicia como un film de Kubrick, prosigue como una película de Spielberg y acaba con una mezcla entre ambos directores, ha gustado a pocos». Alessandra de Luca Tempi : «¿Qué es lo humano, aunque artificial, sin el amor? Inteligencia artificial, el último film de Spielberg (pensado y proyectado con Kubrick), renueva las preguntas de 2001 Odisea en el espacio, Blade Runner, etc...: ¿qué es lo humano? ¿Puede lo no humano llegar a ser humano? ¿Sabría amar? ¿Merecería el amor? En Odisea en el espacio, a Kubrick le atormentaba esta pregunta: ¿esta evolución hacia la pura inteligencia coincide con la destrucción del amor humano como entrega exclusiva a otra persona? El film de 1968 concluye que es así; el film de Spielberg espera que no sea así. En el film,David representa a la última generación de ordenadores programados para amar. Recordando a Pinocho, va en busca del hada que podría convertirlo en humano, con el fin de que su madre le ame de nuevo. El ordenador tiene un programa que le permite amar a un ser humano, pero los seres humanos ¿serán capaces de corresponder su amor?; ¿qué significa ser madre o padre?; ¿es David verdaderamente más humano que los humanos biológicos representados en el film por su mismo deseo de ser humano que anima toda su vida y sostiene su búsqueda, similar a la oración? Inteligencia artificial se desarrolla a millares de años de distancia de nosotros, pero la dificultad de reconocer qué es y qué no es un ser humano es un problema ya ahora». Lorenzo Albacete |