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Las pasiones humanas (el amor, el odio, la venganza), que no son de hoy precisamente, sino eternas, como el hombre mismo, siempre han sido extremadas, desde Caín y Abel hasta nuestros días; y tampoco es nuevo en la literatura, en el cine (ahí está El cartero siempre llama dos veces, o la Madame Raquin que filmó Marcel Carné, con Simone Signoret como protagonista), el drama de los amantes que asesinan al marido traicionado; pero no a humo de pajas Oscar Wilde, nada menos, calificó la novela Teresa Raquin, de Zola, como «la obra maestra de lo horrendo»; y Goncourt como «admirable autopsia del remordimiento». Al servicio de la ardua puesta en escena de un atroz drama interior, de un psicológico melodrama, pero de altura, como afirma Manuel Collado, cuatro magníficos actores, dos de auténtica excepción: Julia Gutiérrez Caba y Juan Antonio Quintana, que borda el papel de monsieur Michaud; y dos, Manuel Tejada y Paula Sebastián, que bastante hacen con mantener excelentemente el tipo y no desmerecer en el reparto. Irreprochables la dirección matizada y meticulosa de Gerardo Malla, la cuidada escenografía de Joaquín Roy y el vestuario de Javier Artiñano. Si vivir la acción en silencio y sin moverse es la prueba del nueve para un actor o una actriz, doña Julia la pasa con matrícula de honor sobre las tablas del Muñoz Seca. ¡Chapeau! Miguel Ángel Velasco |