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La semana ha estado repleta de celebraciones en torno a la Cueva de la Santina. El primero de los actos acontecidos en Covadonga fue la celebración del centenario de la basílica. El viernes 7 de septiembre se cumplían los cien años de la dedicación de la basílica de Covadonga a la Virgen. En la celebración de la Eucaristía, presidida por el cardenal Francisco Álvarez Martínez, arzobispo de Toledo y Primado de España, y en la que concelebraron el Nuncio de Su Santidad, monseñor Manuel Monteiro de Castro, y los arzobispos de Burgos, Santiago de Compostela, Valladolid y Zaragoza, los obispos de Astorga, León, Santander y Sigüenza-Guadalajara, se unieron al arzobispo de Oviedo, monseñor Gabino Díaz Merchán y a su obispo auxiliar. Estuvo presente el Príncipe de Asturias, Don Felipe de Borbón. En su homilía, el cardenal Primado recordó cómo presenta la tradición de la Iglesia diocesana la dedicación de la basílica y cuál es la actitud que debía tener el peregrino ante el este templo:
«Las oraciones nos hacen revivir -dijo-, el día de la consagración, para ofrecer un servicio digno al Señor y obtener los frutos de una plena redención, implícita en las enseñanzas de la Palabra de Dios que se proclama». El significado de esta dedicación arraiga en la enseñanza de los Santos Padres de que la casa de Dios somos nosotros mismos. El cardenal de Toledo invitó a vivir bajo tres dimensiones: «La primera, conectar con su pasado, con los que han sido los constructores de estos muros, hoy centenarios; con los que aquí rezaron, pero que reviven en nosotros con el ejemplo que nos legaron. La segunda, conversar con los vivos, con los que nos proyectamos hacia el futuro desde el pasado, que quien no vive el presente con lo heredado es que está muerto. Y la tercera, en contemplación silenciosa, caminar hacia el mañana, con aquel amor a la Santina de los que aquí abrieron sus labios y su alma en oración al Señor en los brazos de su Madre de Covadonga, que permanecen en lo que nos legaron, herencia que hemos de transmitir a quienes nos sucedan». |
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Después de la celebración eucarística el Príncipe de Asturias, durante un almuerzo con el Patronato Real de la Gruta y Sitio de Covadonga, recordó «aquel inolvidable primero de noviembre de 1977 en el que mi padre, Su Majestad el Rey, me pedía que no olvidase que la Cruz de la Victoria simboliza el triunfo que todos los españoles tenemos que conquistar: una victoria sobre el egoísmo y la ambición; sobre la incultura y la ignorancia; sobre la pereza y la disgregación; sobre la incomprensión y las diferencias negativas; una victoria que es preciso conseguir y consolidar cada día». Durante el brindis don Felipe destacó: «Covadonga es seguramente un proyecto vivo de fe y cultura en el que no cabe la exclusión, y se siente por esta razón orgullosa de acoger gozosamente a tantos miles de peregrinos y visitantes que en ella encuentran hogar para sus emociones, sueños e ilusiones». El Santo Padre Juan Pablo II, que nunca olvida a la Santina de Covadonga desde su grata visita a este santuario mariano en agosto de 1989, hizo llegar unas paternales palabras de comunión y de aliento, de las que se hizo portador el Nuncio monseñor Monteiro de Castro: «Juan Pablo II exhorta a colaborar en la tarea de hacer del templo de Covadonga, la Santa Cueva y demás lugares significativos de ese histórico lugar, un centro de espiritualidad y evangelización cada vez más dinámico y atractivo para tantos peregrinos que de todos los rincones del mundo acuden para orar y renovar su fe. Mientras pide al Señor que la Santina, en su visita a los diversos arciprestazgos de la archidiócesis, haga comprender a las familias y comunidades su maternal premura por cada uno de sus hijos predilectos, así como la necesidad de vivir coherentemente la fe en el propio ambiente familiar, eclesial, laboral o social, encarnando en la práctica los valores del Evangelio». El santuario de Covadonga se compone de la gruta donde está la imagen de la Virgen y donde se apareció al héroe astur, las tres cruces al pie de la gruta y la gran basílica neorrománica que se empezó a construir en 1868 en lo que se conocía como el Cerro del Cueto. Junto a ella, en la Casa Capitular, se conservan los tesoros de la Virgen: pinturas, grabados, fotografías, esculturas y manuscritos inéditos que se pueden visitar en la exposición: Covadonga: iconografía de una devoción. Carmen María Imbert |