RetrocesoA&ONº 273/2013-IX-2001SumarioLa fotoContinuar
Nacionalismo agresivo

«El desarrollo auténtico de un país no puede ir contra la dignidad, la vida o la familia de sus ciudadanos», ha dicho el Papa Juan Pablo II al recibir las cartas credenciales del nuevo Embajador de Irlanda ante la Santa Sede. Son palabras que adquieren una fuerza y un significado muy especial cuando, como muestran las fotos, esas criaturas, hijas de familias católicas han tenido que ir a la escuela como si fueran a la guerra. Triste y curiosa, pero no sorprendentemente, entre nosotros tan triste situación en Irlanda pasó en los medios de comunicación un poco como en sordina, antes de la tragedia en Estados Unidos. ¿Interesa más suscitar polémicas anticristianas que mostrar los perniciosos efectos de un nacionalismo agresivo que algunas lumbreras nacionalistas de nuestro país quieren poner como ejemplo? Al concluir la conferencia de Durban, el Papa, en un mensaje meridianamente claro, habló del «preocupante resurgimiento de formas agresivas de nacionalismo y racismo, que constituyen serias amenazas para la dignidad humana y minan la convivencia social y la paz»