RetrocesoA&ONº 274/27-IX-2001SumarioAqui y ahoraContinuar
En busca de la felicidad

En el hondón del corazón de cada persona hay, en permanencia, una búsqueda de felicidad. O, mejor dicho, un ansia de felicidad. Un anhelo. Porque, con frecuencia, se olvida el trabajo de búsqueda. Pero la sed de felicidad es, por definición, el estado habitual de cada ser humano; independientemente de sexo, raza, edad, creencia, condición social, lugar que habita, tiempo en el que vive, historia en la que se inserta. Nada más eterno y contemporáneo que la búsqueda de la felicidad humana. Nada más olvidado. Por ello es de agradecer al Consejo Pontificio para el diálogo con los no creyentes, y muy en especial al cardenal Paul Poupard, su acierto al proponer este tema como base para la realización de una encuesta internacional de amplio alcance, con una duración de tres años y que confluiría en una Asamblea plenaria. A este encuentro acudieron cincuenta personalidades de 35 países, y surgió una fascinante riqueza, condensada en algo fundamental y común a toda época y pueblo: la felicidad, en esencia, es deseo de amar y ser amado siempre.

El resumen estructurado de toda esa riqueza fue redactado por el cardenal Paul Pouppard y por un equipo del Consejo Pontificio (en especial por el sacerdote irlandés Michael Paul Gallagher y por Gianpietro Rampin, sacerdote de la diócesis de Novara), con el objetivo de ofrecer una publicación, que fue editada en España por la editorial Herder, con el título Felicidad y fe cristiana. Páginas imprescindibles.

UN LIBRO LUMINOSO


La parte primera es una aproximación, desde perspectivas múltiples, al tema. Se titula La felicidad como búsqueda personal, y está compuesta por: La felicidad más allá de las apariencias; Luces que convergen en la felicidad; La felicidad ante el sufrimiento. La parte segunda recoge los comentarios enviados al Consejo bajo el título: La felicidad en la cultura contemporánea. En la parte tercera se afronta una pregunta cristiana: ¿cómo podría una predicación de la felicidad cristiana satisfacer las necesidades pastorales de hoy? El libro incluye una conclusión sobre La aspiración a la felicidad y la fe en Cristo, y un apéndice que contiene el discurso del cardenal Poupard y el de Juan Pablo II al finalizar la asamblea. Es un libro trabajado, luminoso, esclarecedor y denso en sugerencias, que pone de relieve cómo la crisis de fe del hombre actual es más una crisis humana que una crisis teológica. Falta hondura personal más que sentido de trascendencia.

El texto parte de distinguir entre felicidad y satisfacción, entre la respuesta primera que formularía el transeúnte al que se le pregunta: ¿Es usted feliz? y la respuesta que ofrecería en una conversación a fondo. Se trata de descartar aquellas primeras -supuestas- respuestas que identificarían la felicidad con la diversión, o con el bienestar, o con la satisfacción, o con el actual estado de ánimo, todo lo definido se quedaría en apariencia exterior. Pero no vale. Nada de prisas.

Hay que tener tiempo para profundizar en la conversación e invitar al interlocutor a mirar su propio corazón. La conversación se hace mas difícil porque no estamos acostumbrados a expresar nuestros deseos profundos, pero surgen esperanzas ocultas, y todas ellas dirigidas hacia relaciones humanas, hacia el sentido de autoestima, hacia el descubrimiento del amor. Es otro nivel, que está en el fondo de la vida cotidiana, un nivel al que pocas veces se accede, olvidado; un nivel que no tiene nada que ver con el de bienestar o el de instrucción. Es el nivel personal. Entre los factores que convergen en todas las definiciones de felicidad aparecen; que es más fácil conseguirla en centros no muy grandes; que es más fácil hallarla en aquellas personas que son buscadoras del bien; que es un don, y una disposición y una actitud. Requiere, por tanto, aprendizaje y trabajo. Es más un estilo de vida armónico que un objeto en sí, y necesita generosidad para crecer. La búsqueda de la felicidad no se rinde ante la desesperación ni ante el sufrimiento. No rehuye el dolor. La felicidad es un don común a toda la Humanidad. Resulta indispensable hoy ayudar a descubrir ese deseo natural y profundo de felicidad que en todos anida.

El tono del libro quiere servir de estímulo a los no creyentes con una visión filosófica de la felicidad (Aristóteles, Tomás de Aquino y Julián Marías) y de alimento espiritual para el creyente, con el recuerdo de tres trayectorias de santidad (Francisco de Asís, Juan de la Cruz e Ignacio de Loyola).

Al estudiar la teoría sobre la felicidad del filósofo español recuerda: "Julián Marías, el filósofo español que publicó La felicidad humana (Madrid 1987), al cabo de seis meses, tuvo que redactar un nuevo prólogo para una segunda edición: el tema de la felicidad se reveló tan popular que la primera edición se había agotado en poco tiempo". Para usar las palabras de Marías, "la felicidad afecta a la mismidad de la vida, es una cuestión estrictamente personal que debe afrontarse desde la propia experiencia; cuando nuestros contemporáneos piensan en la felicidad, rara vez vuelven los ojos a sí mismos para preguntarse si son felices o no..."

UNA FORMA DE ESPERANZA


El método adoptado por Marías para enfocar la cuestión es fascinante, quizá sobre todo porque insiste en el aspecto dramático de la experiencia humana de la felicidad. Un elemento clave para él es que la felicidad comporta una proyección hacia el futuro y, en cuanto tal, es una forma de esperanza, que preanuncia siempre el advenimiento de una satisfacción mayor. De este modo el logro de la felicidad en esta vida resulta incierto, siempre parcial y siempre incompleto". Al estudio de la filosofía de
Marías sobre la felicidad el libro dedica varias páginas, resaltando cómo, a juicio de Marías, los dos grandes enemigos de la felicidad son el miedo y la falta de imaginación, y cómo el filósofo español pone de manifiesto tres aspectos complementarios de la felicidad: es una aventura en la que se corren riesgos y se es vulnerable; es un áncora de salvación que sostiene la vida de una persona.

Para Aristóteles los seres humanos están destinados a alcanzar grados mas altos de felicidad, superando el simple nivel del placer de los sentidos. La forma más plena de felicidad se deriva de una actividad contemplativa que deja intuir lo que expone ya, como nudo central de su concepto de felicidad, Tomás de Aquino: una participación en la felicidad de Dios. Quiere este estudio invitar a la Humanidad a buscar la felicidad con sentido pleno. Esta búsqueda ha sido una constante a lo largo de la Historia; ha pasado por momentos de crisis, pero nunca como en nuestra época los objetivos y horizontes de una felicidad trascendente, profunda, han sido perdidos de vista o ridiculizados; quiere ser una invitación a actualizar la predicación evangélica haciendo hincapié en la buena noticia, en la bienaventuranza. Si ese vínculo religioso con la felicidad no se alcanza, quiere decir que no se ha encontrado en la propia vida la fe en su plenitud liberadora. Este estudio apasionante, que abre los ojos tanto al hombre aturdido del mundo civilizado como al hombre cansado del mundo en desarrollo, anima a buscar los deseos más profundos. Pero este estudio esperanzador fue publicado hace diez años. Un silencio pavoroso, por destructivo, acogió su impresión. Sin embargo, quien quiera que haya experimentado con fruición un instante de felicidad, quiere más. No es cuestión de tiempo, ni de intensidad. Es ansia de Absoluto. La búsqueda de la felicidad es un camino que conduce al encuentro con Dios. ¿Acaso, por eso, el silencio?

Leticia Escardó