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Creo que somos conscientes. Ser cristiano, seguir a Jesucristo, es un reto muy, muy difícil. Claro que también sabemos que lo que resulta imposible para el hombre es posible para Dios si le dejamos actuar en nuestros corazones. El Evangelio del pasado día13, dos días después de los terribles sucesos terroristas de Nueva York, me produjo, dadas las circunstancias, un fuerte impacto: "Amad a vuestros enemigos, haced el bien a quienes os aborrecen, bendecid a los que os maldicen y orad por los que os calumnian" (Lc 6,27 y ss.) Palabras archiconocidas, contenidas también en el Padrenuestro que nos exige perdonar, tantas veces rezado; pero fuertes, duras en estos momentos en que aún no hemos salido del estado de estupefacción en que a todos nos han dejado los terribles sucesos terroristas de Nueva York que contemplamos en directo y seguimos con ansiedad días después. Entre tanto dolor humano, ante tanta maldad, en medio de la gran desolación, del corazón de los hombres y mujeres de buena voluntad brotaba una plegaria por las víctimas y sus familiares, así como por los gobernantes que han de tomar decisiones sobre la respuesta a dar a ese enemigo capaz de hacer tanto daño. Pero ¿hemos rezado por ese enemigo sin rostro o con rostro? ¿Nos damos cuenta de que, si no lo hacemos, no somos cristianos? Pidamos para que abandonen su estrategia de terror y crimen. Pidamos para que los líderes de las naciones se apliquen en un diálogo sincero y generoso que permita la creación de un nuevo orden mundial más solidario y justo que haga posible la paz. Mercedes Gordon |