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Yo comprendo a mi director, pero bien a mi pesar, porque me gustaría que él me comprendiera a mí, y en vez de darme este rincón me diera las páginas y páginas que yo necesitaría para, como me dice un amable lector, poder responder, mínimamente siquiera, a tantas mentiras, hipocresías y provocaciones como, desde hace algún tiempo a esta parte, están cayendo sobre la Iglesia. La verdad es que no da uno abasto.
No es fácil encontrar un artículo firmado en el que en menos palabras se digan más incoherencias que en el que Carlos Rodríguez Braun firmó en el diario Expansión, el pasado 3 de septiembre, bajo el título, pretendidamente irónico Plenum gratia et veritatis. ¡Hombre, para empezar, y ya que se pone a citar, podía citar correctamente, y decir gratiae en vez de gratia, porque es de 1º de Latín, pero ya en el propio sumario del artículo se reconoce -menos mal- que se chapotea en la ignorancia y en la confusión. Nunca mejor dicho. El artículo es un amasijo de tópicos sobre el "falso humanitarismo religioso", la "equivocada y muy intervencionista doctrina social de la Iglesia", el "errado humanitarismo intervencionista de Antonio Mª Rouco Varela", el "bienestar en la tierra que han creado los ricos", aunque no se dice para quién lo han creado, y, ¡ahí queda eso! "el apoyo de la jerarquía eclesiástica a los enemigos de la libertad"; tampoco se dice, claro, a la libertad de quién ni para qué. En una palabra: se hace difícil entender qué pueden buscar algunos articulistas y columnistas a quienes sería un insulto negarles la elemental inteligencia de saber que hacen el ridículo... |
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Otro que no se aclara -y lo menos que puede pedírsele a un Premio Nobel de Literatura es que se aclare- es José Saramago, que publica en El País un artículo titulado El factor Dios, y en el que primero dice que la culpa de todo lo que pasa es de Dios, para añadir cuatro líneas más abajo que, "con todo, Dios es inocente", pero, claro, inocente como "algo que no existe, no ha existido ni existirá nunca". Pues si fuera así, ya me contará el señor Saramago cómo Dios podría ser culpable de algo, ¿O para ser culpable existe y para ser inocente no? Pide al lector que "desconfíe del factor Dios". Está más claro que el agua que de quien hay que desconfiar es del factor Saramago, por mucho Nobel que le hayan dado.
Y si esto les pasa a los Nobel, ¿qué les voy a contar a ustedes de lo que les pasa a los Cándidos, Umbrales, Galas, Del Pozo, Herreras, Bedoyas, Sánchez-Dragó o Nicolás María López Calera, quien ha recogido en un artículo titulado Desde Almería a Gescartera (pero, ¿en qué quedamos?: si la Iglesia está exenta de impuestos, ¿qué es eso del dinero negro?) todos los resentimientos más rancios y los tópicos de más bulto, en algo indigno de ser firmado por un catedrático de Filosofía del Derecho. Bedoya, obviamente en El País, echa en cara lo que España, el Estado, da a la Iglesia, como si los ciudadanos que formamos la Iglesia no fuéramos España o el Estado, y no tuviéramos derechos, que no privilegios, porque nadie nos da nada que no sea nuestro, sino que nos lo damos nosotros mismos, y ya iría siendo hora de que se enterara. El Estado también da, como él dice, al deporte, pero no dice cómo tienen que jugar los futbolistas. Pero, claro, lo que Bedoya quiere es marcar las reglas del juego, y mire usted, no: aquí o jugamos todos, o se rompe la baraja. Y como ha dicho el señor Piqué, al visitar el Vaticano "ambas partes han constatado la validez del cuadro de cooperación establecido en los Acuerdos de 1979". Eso vale para lo de la clase de Religión, y para todo lo demás; también para lo de Gescartera, donde, efectivamente, financiación de la Iglesia y Gescartera, como dice nuestro ministro de Asuntos Exteriores, "son dos cosas distintas que no tienen nada que ver, y mezclarlas no corresponde a la verdad ni a la realidad". O sea, que no es verdad. Gonzalo de Berceo |