RetrocesoA&ONº 274/27-IX-2001SumarioDesde la feContinuar
Cine
Festival de San Sebastián
Está en pleno desarrollo el Festival de Cine de San Sebastián, que cumple ya 49 años.
De toda su profusa programación nos fijamos hoy en tres títulos de próximo estreno comercial

Moulin Rouge, de Baz Luhrmann, es una película sorprendente por encima de todo. Desde el momento en que empieza la proyección el espectador está sumido en una vertiginosa tempestad de imágenes y música, que le deja sin respiro las dos horas que dura el film. El Moulin Rouge parisino representa el reino de la bohemia, sin más ley que la búsqueda indisciplinada de la belleza, la verdad y la libertad. Todo es provocación irreverente y sensualidad desmedida. A ese mundo llega Christian (Ewnan McGregor), un joven escritor que descubre el verdadero amor al quedar cautivado por Satine (Nicole Kidman), la estrella y reina del espectáculo. El gran obstáculo para ese romance es precisamente que en Moulin Rouge no hay lugar para el amor. Allí las mujeres son cortesanas que se venden al mejor postor. Pero el puro y sincero amor de Christian atravesará ese escepticismo como en las mejores películas románticas de otros tiempos. La historia sigue, paso a paso, el esquema del mito griego de Orfeo.

La película, ¡ojo!, es un musical, género que no despierta en mí simpatías, y que sin embargo, en ese aspecto, me parece sencillamente genial. El contraste entre una imaginería decimonónica y una coreografia moderna a lo Broadway, empastadas con muchas de las grandes canciones pop del siglo XX, desde Rodgers y Hammerstein a Lennon y McCartney, desde Sting a Elton John, de Dolly Parton a David Bowie, es de una belleza sorprendente. ¡Y las letras son cruciales para la historia! Algo de esto ya hizo Alain Resnais con On connaît la chanson (1997). Por otra parte, las imágenes del film, imposibles, oníricas, surrealistas, te trasportan, como Cantando bajo la lluvia, a un mundo increíble de luz y color. Y a pesar de su abrumadora sensualidad rupturista y su dudosa corrección política, no hay planos de dos rombos o de explícita sexualidad.

Nicole Kidman y Ewan McGregor están sublimes, y dan voz a muchas de sus canciones, apoyados por Plácido Domingo, Cristina Aguilera, Bono, José Feliciano, Valeria, y un largo etcétera. Sin duda, una inclasificable película, que recupera, de una forma sui generis, el auténtico valor del cine tradicionalmente romántico. Y quizás es necsario regalarse la vista un poco después de los horrores newyorkinos que hemos taladrado en nuestras retinas estas semanas.

Un salto mortal nos lleva a Juana la Loca, de Vicente Aranda y protagonizada por Pilar López de Ayala. Producida por Enrique Cerezo, Aranda trata de retomar la interpretación que Tamayo y Baus hizo de la reina en su obra Locura de Amor: Juana no estaba loca, sólo terriblemente celosa de su ligero marido don Felipe el Hermoso. Aranda le da esa carga sexual que caracteriza su filmografía reciente, y aunque el final eleva y mejora la película, ésta se mueve dentro de los paradigmas laicistas de interpretación histórica de moda. La dirección artística es brillante, y a pesar de que el film tiene momentos y secuencias sobresalientes, es, en general, poco interesante.

Por último, La ciénaga, primer largo de Lucrecia Martel, es interesante por la coyuntura política que vivimos. Al contemplar el film, es inevitable preguntarse: ¿es éste el mundo que queremos defender a toda costa? La película describe la vida de dos familias del noroeste argentino. Sin nada por lo que vivir, todos se mueven por pura inercia, egoísmo y reacción primaria. Las relaciones son banales, instintivas, sorda y sórdidamente violentas. Durante toda la película aparece una televisión en la que se da la noticia de una aparición milagrosa de la Virgen, pero la protagonista, en los últimos minutos, confiesa haber ido allá y no haber visto nada. El milagro es imposible. Terrible radiografía de una sociedad traidora del hombre, y que ya apenas puede proponer un ideal algo valioso.

Juan Orellana