RetrocesoA&ONº 274/27-IX-2001SumarioDesde la feContinuar
Teatro
Un esperanzador Panorama

Afortunadamente Madrid está viviendo un excelente momento teatral: quizás hacía muchos años que sobre las tablas de los numerosos escenarios madrileños no había una oferta tan sugestiva ni de tanta calidad. No hablo solamente de autores y obras -basta echar un vistazo a la cartelera para comprobarlo: de Ibsen, a Zola; y de Miller y Reginald Rose, a Jardiel, sin olvidar musicales como My fair Lady o Hello, Dolly, sin los cuales, evidentemente, no cabría afirmar lo dicho-, sino también de escenógrafos, de actrices y de actores.

Hace muy poco era obligado dejar constancia en esta página del magisterio, difícilmente superable, de una actriz consagrada como doña Julia Gutiérrez Caba. Hoy resulta no menos agradable constatar, y aplaudir, el arte y el oficio, impecablemente bien hechos, en el Teatro Marquina, de actores no tan famosos y acreditados, pero no menos admirables: Helio Pedregal, que hace una auténtica creación del protagonista de Panorama desde el puente, de Arthur Miller, y sus compañeros de reparto, la jovencísima Nerea Barrios, Alicia Sánchez, Chema Muñoz e Israel Frías.

Esta versión que Eduardo Mendoza presenta de la justamente famosa y admirada obra de Miller alcanza en esta representación, bajo la inteligente dirección de Miguel Narros, una altura y una dignidad escénica que nada tiene que envidiar ni a otras versiones de la obra, ni a otras opciones teatrales del momento; y buena prueba de ello, por cierto, son las aclamaciones y bravos, especialmente las muy esperanzadoras de muchos, cada vez más, espectadores jóvenes, con que son saludados los actores, caído el telón.

En los muelles de Nueva York, recreados sin que el argumento de la emigración, al que sirven, haya perdido, medio siglo después, un ápice de actualidad y de garra, sino todo lo contrario acaso, nadie podía imaginar hace cincuenta años la trágica barbarie del terror fanático que el mundo acaba de vivir en directo. La profundísima carga de humanidad y de vida que esta obra de Miller lleva dentro explota con fuerza renovada, y emociona y engancha al espectador europeo, hoy tan empapado en el problema de la emigración, y que tal vez, como uno de los personajes, sigue sin entender un país en el que "no hay más ley que la que está en los libros", convencido como está, asimismo, de que "en este mundo, justicia..., sólo la de Dios".

Miguel Ángel Velasco