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Etchmiadzin, a unos diez kilómetros de la capital armena, Erevan, es como el Vaticano armenio, cuyo centro es la antigua catedral. Karekin II es hoy el Catholicos, elegido en 1999 por la asamblea general de los armenios, con el apoyo decisivo de la diáspora de América. De 50 años, cara juvenil y barba gris, tiene fama de gran organizador. Acaba de volver de la capital, donde se construye la nueva catedral, para las celebraciones en las que su país conmemora los diecisiete siglos de la adopción oficial del cristianismo. "Estamos recuperando los retrasos; para ese día estará todo listo", dice seguro. |
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¿Con qué sentimiento se prepara para acoger a Juan Pablo II en Armenia? Con inmensa alegría, tanto más grande cuanto más sabemos que el Papa de Roma habría querido hacer esta visita hace ya dos años, a mi predecesor Karekin I, llamado a la Casa del Padre en aquellos días. Con él las relaciones entre la Iglesia apostólica armena y la Iglesia católica romana entraron en una fase nueva, marcada por una gran cordialidad y amistad. Con este espíritu fui al Vaticano el año pasado, y considero providencial que la visita de Juan Pablo II, tan esperada, coincida con las celebraciones jubilares del cristianismo en Armenia. Sus compatriotas están orgullosos de ser la primera nación cristiana de la Historia. ¿Qué significado tiene esto en la sociedad de hoy? Es una cosa hermosa, pero es, sobre todo, una tarea: debemos vivir la fe en la fatiga de cada día y transformarla en acción. Setenta años de ateísmo han impuesto una separación entre la fe, reducida a ritualidad encerrada en los edificios de culto, y la vida. Por esto la Iglesia tiene un gran trabajo que realizar. ¿Quiere decir que para un armenio ha dejado de ser algo natural el cristianismo, como sucedía en el pasado? No, ningún hijo de la nación armena se considera tal si no ha sido introducido en la fuente bautismal de nuestra Iglesia. Incluso bajo el régimen soviético, este sentimiento nunca disminuyó. La gente se tocaba el pecho diciendo: aquí, a la derecha, tengo el carnet del Partido, pero, a la izquierda, el corazón late con la Iglesia. Lo que ha faltado ha sido la posibilidad de educación religiosa. Tras la caída del comunismo, nuestro principal esfuerzo fue formar a un nuevo clero, nuevos catequistas y profesores. Nuestros seminarios están a rebosar, las vocaciones sacerdotales no faltan. |
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Entre la Iglesia católica y la ortodoxa de Moscú, las relaciones son muy difíciles. En su opinión, ¿cómo se puede reanudar el diálogo? Estoy convencido de que el deseo de unidad, según el mandato de Cristo, no ha disminuido en nuestras Iglesias hermanas. Tenemos que construir el diálogo sobre el respeto recíproco y el amor fraterno. Pedimos por ello, y trabajamos para que acaben los malentendidos y se llegue a la unidad de todos los cristianos. Antes de la visita de Juan Pablo II, festejaremos el Jubileo, junto con los representantes de 25 Iglesias y confesiones religiosas, entre ellas el Patriarca Alejo, de Moscú, y el cardenal Walter Kasper, Presidente del Consejo Pontificio para la Unidad de los Cristianos, que presidirá la delegación de la Iglesia católica. El encuentro será la ocasión para soldar nuestras relaciones fraternas. Su Iglesia siempre ha sido de frontera, baluarte del cristianismo en el Asia musulmana. Los últimos trágicos acontecimientos en Estados Unidos hacen resurgir la confrontación entre Occidente y el islamismo. ¿Cuál es su juicio? Desde el punto de vista geográfico, Armenia se encuentra en el confín con los países musulmanes. Pero, desde el punto de vista espiritual, han cambiado muchas cosas y sería un grave error, dejándose llevar por la emotividad, pensar en una guerra religiosa de carácter planetario entre el Occidente cristiano y el mundo islámico. Muchas comunidades cristianas armenias viven en los países árabes sin problemas. Tenemos encuentros regulares con los dirigentes religiosos musulmanes de Irán y de Azerbaiyán. Les hemos invitado también a los festejos de nuestro Jubileo. Avvenire-Alfa y Omega |