RetrocesoA&ONº 274/27-IX-2001SumarioMundoContinuar
En Roma, del 30 de septiembre al 27 de octubre:
Sínodo de y sobre los obispos
El ambiente era asfixiante. Iba cogido de la agarradera del autobús como un náufrago
a su tabla ante los repetidos frenazos del conductor. El calor húmedo de junio en Roma
puede desesperar al más estoico; ahora bien, quince minutos en un autobús urbano,
sin aire acondicionado, valen por la mejor sesión de sauna. Volví la cabeza a la izquierda,
buscando una distracción que me ayudara a olvidar el olor a sudor: a mi izquierda
me encontré con un rostro conocido: el del cardenal Angelo Felici, que se disponía a bajar en la siguiente parada
Jesús Colina. Roma

El cardenal italiano, Prefecto entonces de la Congregación para las Causas de los Santos, ex Nuncio Apostólico en París, iba sometido a los bruscos movimientos del autobús como cualquier otro común de los mortales. La imagen valía más que mil palabras: era la prueba más visual de la novedad aportada por el Concilio Vaticano II. Los cardenales, que hasta inicios de los años sesenta mantenían sus largas capas, heredadas de los tiempos en los que iban a caballo, ahora se pasean por Roma con un billete de autobús en la mano. El obispo, que en siglos pasados fue en algunos países señor feudal, ahora vive con el sueldo de un obrero.

Después de más de tres décadas de la clausura de aquel Concilio ecuménico, que imprimiría un ritmo sorprendente a la barca bimilenaria de la Iglesia, obispos de todo el mundo se reúnen de nuevo en Roma para analizar, del 30 de septiembre al 27 de octubre, el papel del obispo a inicios del tercer milenio.

El objetivo de esta X Asamblea sinodal, que lleva por lema El obispo, servidor del Evangelio de Jesucristo para la esperanza del mundo, lo dejó claro Juan Pablo II el pasado 9 de septiembre: a inicios del tercer milenio, el obispo debe ser auténtico misionero. "La frase evangélica Rema mar adentro -explicó-, que he propuesto como lema para el inicio del nuevo milenio, se dirige ante todo a los obispos, sucesores de los Apóstoles, y les llama a comprometerse con confianza en esta nueva época misionera de la Iglesia".

Los Sínodos mundiales de los años ochenta y noventa analizaron las diferentes figuras en la Iglesia para llevar a buen puerto la reforma suscitada por el Concilio: en 1987, se afrontó el papel de los laicos; en 1990, la formación sacerdotal; en 1994, la vida consagrada. Faltaba el papel del obispo, en quien debe comenzar y concluir la vivencia de la novedad de vida traída por el Concilio.

¿CÓMO SERÁ EL OBISPO DEL NUEVO MILENIO?


Como el cardenal belga Jean Pieter Schotte, Secretario General del Sínodo de los Obispos, reconoció el 1 de junio pasado al presentar a la prensa el Documento de trabajo (Instrumentum laboris) que guiará las sesiones sinodales, el texto plantea "temas muy actuales, como la relación del obispos con el ministerio petrino (del Papa), el papel y la importancia de las Conferencias episcopales, la utilización del Sínodo en el gobierno de la Iglesia".

El propio cardenal Schotte consideró que, en el fondo, la Asamblea responderá a una pregunta: "¿Cómo es el obispo que necesitamos para la Iglesia del tercer milenio?"

Para ofrecer pistas de respuesta, la Secretaría del Sínodo de los Obispos distribuyó en 1998 a todas las Conferencias episcopales, diócesis y congregaciones religiosas del mundo un documento base (Lineamenta), acompañado por un cuestionario de preguntas. Ninguna sociedad de opinión del mundo hubiera podido lanzar un sondeo mundial de este alcance. Con las respuestas se ha elaborado el Documento de trabajo.

SANTIDAD Y CONVERSIÓN DEL OBISPO


Los interrogantes eran directos. La segunda pregunta, por ejemplo, decía así: "¿Qué imagen predominante de la misión del obispo tiene la gente? ¿La imagen que tiene la gente de la misión del obispo, coincide con la imagen que el mismo obispo tiene de ella?" La tercera inquiría: "¿Cómo reacciona le gente a las enseñanzas del obispo acerca de cuestiones de fe o de moral? ¿Se hacen distinciones entre las enseñanzas del obispo y las del Papa?"

Las respuestas al cuestionario han deparado una sorpresa a la Secretaría del Sínodo: se han recibido tantas respuestas en las que se subrayaba que el camino espiritual del obispo es el punto más importante para esta Asamblea, que se ha tenido que añadir un nuevo capítulo dedicado al tema, que lleva por título: Misterio, ministerio y camino espiritual del obispo. De hecho -reconoció ante la prensa el cardenal Schotte-, "lo que la Iglesia necesita hoy son obispos santos".

Otro de los capítulos de discusión, propuestos por el Documento de trabajo bajo el título El obispo al servicio de su Iglesia, presenta respuestas concretas a la pregunta sobre cómo deberá ser el obispo del tercer milenio. Es el capítulo más largo (40 páginas), y el más complejo.

Incluso las personas que no se dicen católicas, piden hoy que los obispos tengan don de gentes, don de gobierno, capacidad de diálogo, que sean pastores que de verdad cuiden a su grey, expertos en teología, y genios de la comunicación; y, ante todo, que sean santos... En definitiva, parecería que se les pide ser Superman... El Sínodo, por tanto, irá a lo esencial, que es precisamente la santidad y la misión.

"Sólo la santidad es anuncio profético de la renovación que el obispo anticipa en la propia vida al acercarse a aquella meta hacia la cual conduce a sus fieles -afirma el Documento de trabajo (n. 48)-. Sin embargo, en su camino espiritual, como todo cristiano él también, siendo consciente de las propias debilidades, de los propios desalientos y del propio pecado, experimenta la necesidad de la conversión".

Conversión, de hecho es uno de los términos más repetidos en el texto que servirá de base para las discusiones sinodales.


PARTICIPANTES


Algo menos de 300 obispos deberían participar en el Sínodo, en representación de las 112 Conferencias episcopales del mundo, de los cristianos de rito oriental, de la Unión de Superiores Generales de religiosos, y de los organismos de la Curia Romana. Además, Juan Pablo II ha nombrado, por derecho propio, a 32 obispos participantes.

En representación de la Conferencia Episcopal Española, por elección de sus miembros, han sido elegidos el cardenal Antonio Mª Rouco Varela, arzobispo de Madrid y Presidente de la misma, el arzobispo de Pamplona, monseñor Fernando Sebastián Aguilar, y el cardenal Ricardo Mª Carles Gordó, arzobispo de Barcelona.

Además, Juan Pablo II ha incluido en la lista de sinodales a otros tres obispos españoles, a monseñor Jesús Esteban Catalá Ibáñez, obispo de Alcalá de Henares, y a monseñor Javier Echevarría Rodríguez, prelado de la Prelatura personal del Opus Dei, y monseñor Justo Mullor García, Nuncio Apostólico, presidente de la Pontificia Academia Eclesiástica de la Santa Sede.

Tanto los tres Presidentes como el Relator del Sínodo, nombrados por Juan Pablo II, forman parte de la última creación de cardenales, surgida del Consistorio de febrero pasado. Los cardenales Giovanni Battista Re (Prefecto de la Congregación vaticana para los Obispos), Ivan Dias (arzobispo de Bombay), y Bernard Agrè (arzobispo de Abidjan, Costa de Marfil), serán los Presidentes. El Relator General del Sínodo será el cardenal Edward Michael Egan (arzobispo de Nueva York).