RetrocesoA&ONº 140/21-XI-1998SumarioUsted tiene la palabraContinuar

Surge una iniciativa de renovación de la democracia española
«El quehacer político, al servicio de las personas»
Creen en la democracia, pero consideran que nuestra actual democracia «es muy mejorable». Tienen la valentía de decir lo que muchos piensan y no manifiestan por miedo a ser tachados de «políticamente incorrectos». Ellos, la «Asociación para el Diálogo y la Renovación Democrática», no tienen complejos ni falsas prudencias. La han constituido un numeroso grupo de profesionales de distintas ramas del saber, y de diferentes sensibilidades políticas, que, después de muchos meses de maduración, han decidido saltar al ruedo de la vida pública con un objetivo primordial: servir a la sociedad
Les duele profundamente los derroteros que está tomando nuestro sistema político. Nuestra democracia -dice Torcuato Bringas, uno de los portavoces de esta realidad emergente- ha llegado a una gran ralentización en su funcionamiento. Comienza a darse una oligarquización de la política de los partidos que genera una distancia entre gobernantes y gobernados. En los partidos hay grandes maquinarias de poder que deciden la línea a seguir, haciendo y deshaciendo a sus anchas, pero de espaldas a sus votantes.

Miguel Aguado, otro de los dirigentes de esta Asociación, considera que los partidos políticos han secuestrado la democracia. Han conseguido que los ciudadanos sean ajenos a la actividad política. Los partidos sólo cuentan con los votantes en el momento de depositar el voto, y luego se olvidan de las promesas electorales.

Esta situación de indolencia y esclerosis tiene que ir cambiando. Por eso surge esta Asociación, que quiere ser un interlocutor entre los gobernantes y los propios partidos políticos y fuerzas sociales. Es bueno que el ciudadano comience a andar -apunta Miguel Aguado-, a ejercitar su derecho de ciudadano. Como herencia del Régimen anterior, se sigue viendo al Estado de forma paternalista, al que se le pide y se espera todo de él. Hay que dinamizar la vida democrática. Nuestra propuesta se puede definir, en terminología política: «Diálogo y participación».

La Asociación para el Diálogo y la Renovación Democrática tiene programado constituir un foro de diálogo, en el cual, todos los participantes puedan expresar libremente sus ideas, sin condicionantes de ningún tipo, teniendo como objetivo la búsqueda de la unidad, a pesar de la disparidad de criterios. Miguel Aguado y Torcuato Bringas, portavoces de esta organización, manifiestan su admiración por los líderes la Europa de la posguerra: Schuman, De Gasperi, Adenauer, y Giordani, entre otros, y anuncian el inicio de actividades en nuestro país, invitando a todas las personas que estén interesadas en vertebrar nuestra sociedad y en regenerar la democracia, dignificando así el quehacer del político, a que se pongan en contacto con ellos. La sede de la asociación, en Madrid, está en la calle Zipaquirá, 3 (Tel.: 91 763 07 03 ó E-mail: tbg00000@teleline.es).

Alex Rosal


Los peligros de una democracia excluyente

según la «Asociación para el Diálogo y la Renovación Democrática»

• La democracia corre el riesgo de convertirse en un gobierno formado por élites y grupos, que dirigen y controlan los partidos y, al mismo tiempo, pueden orientar y manipular la opinión pública, produciendo la engañosa sensación de que el pueblo participa en la toma de decisiones.

• La partitocracia puede extenderse en el actual sistema político si las candidaturas que se presentan a las elecciones siguen impuestas por grupos minoritarios pero influyentes de los partidos que controlan internamente el poder, y no siempre son un modelo democrático.

• La actual democracia representativa limita prácticamente la participación del elector al momento de depositar su voto, acto que conlleva una delegación absoluta, una transferencia total de la soberanía popular a los representantes, cuya actuación no es juzgada hasta los siguientes comicios.

• La relación entre quienes ostentan el poder y los ciudadanos de a pie, no es, ni mucho menos, igualitaria. Votar aisladamente y tratar de comunicarse de forma individual con partidos políticos y administraciones públicas, significa tener muy pocas posibilidades de influir en la andadura de la comunidad política. En la práctica, la clase dirigente tiende a escuchar solamente la voz de interlocutores considerados muy válidos: grandes corporaciones -individuos poderosos económicamente, con gran influencia política o prestigio social-, ó bien ciudadanos agrupados y activos.

• La profesionalización in aeternum de la clase política, enquistándose en el poder, y no permitiendo la renovación de ideas y personas; y si se añade la deshonradez de quien ejerce un cargo político, puede causar una desazón entre la ciudadanía y la extensión de una imagen negativa de la política.


Claves para renovar la democracia

según la «Asociación para el Diálogo y la Renovación Democrática»

• La política no debe ser un fin, sino un medio para lograr una sociedad más libre, justa y solidaria, integrada por personas con mentalidad abierta y sensibilidad comunitaria, capaces de trascender la concreción limitada de sus dificultades cotidianas en el municipio, barrio, grupo local... y sentir como propios los problemas de otros pueblos, colaborando, cada uno según sus posibilidades, en la construcción de un mundo más unido y solidario.

• El verdadero bien común sólo podrá lograrse, si los protagonistas del quehacer político entienden el mismo como un servicio a las personas y grupos sociales, con predilección a aquellos más desfavorecidos. Este espíritu de servicio, traducido en una práctica justa y eficiente, dará transparencia a la actividad política, ayudando a que muchos ciudadanos recuperen la confianza, que un día dejó paso a la indiferencia o al rechazo directo, por una actuación política irregular.

• El ciudadano no puede contentarse en el simple hecho de votar; para que pueda hablarse verdaderamente de democracia -esto es, poder del pueblo-, el elector, en ejercicio de su responsabilidad, debe tomar la iniciativa e intentar establecer un diálogo con la clase dirigente que lo representa; en este diálogo, el voto será sólo una frase dentro de una conversación más larga y amplia. Sin embargo, para que la comunicación dé sus frutos, no basta el empeño individual; es precisa una acción de grupo.

• Es absolutamente necesario para los ciudadanos, organizarse y formar colectivos, con ideas e iniciativas, capaces de mantener un diálogo constructivo y eficaz con los poderes públicos. Este diálogo habría de comenzar con un pacto, en virtud del cual, quien delega, el ciudadano, exige a sus representantes la asunción de unos compromisos, encaminados a la consecución del bien común. A lo largo de la legislatura, los electores deberán verificar si sus representantes cumplen los objetivos a los que se habían comprometido, apoyándoles y sugiriéndoles medidas e iniciativas de mejora, si así ha sido, y criticándoles constructivamente, en caso contrario.