Se celebra este año el VI Centenario del nacimiento en Carrión de los Condes de Don Iñigo López de Mendoza, Marqués de Santillana, noble, caballero y poeta, Señor de las tierras de Madrid, que fueron telón de fondo de su vida y de su creación poética.
Iñigo López de Mendoza, primer Marqués de Santillana, Conde del Real de Manzanares, Señor de Hita y de Buitrago, fue, ante todo, un maestro, un gran didáctico. Hijo y nieto de poetas, recibió una formación extensa en los saberes que correspondían a un noble : las armas y las letras. Buen administrador de sus feudos, hombre prudente, hábil guerrero, negociador y defensor de las fronteras de Castilla, Santillana tuvo en Don Alvaro de Luna, valido del rey Juan II, su mayor rival y peor enemigo. Pero fue también un hombre educado y culto, ávido de saber, gran conocedor de los clásicos y admirador de Séneca, Dante y Petrarca. Consiguió reunir durante su vida la mejor biblioteca que jamás tuvo Castilla, con las obras fundamentales de la antigüedad clásica y de las literaturas románicas de la Edad Media.
Santillana no dominaba el latín clásico, pero hablaba perfectamente el catalán (adquirido gracias al contacto con ilustres poetas catalanes como Jordi de Sant Jordi o Ausias March) y también el gallego, el francés y el italiano, del que tomó estilo y modos literarios. Ahí están los Sonetos fechos al itálico modo, un primer intento de introducir la métrica italiana en la literatura castellana, que culminará más tarde en la obra de Garcilaso.
Hay un cierto empeño en identificar al Marqués de Santillana con sus Serranillas. Al igual que no sería correcto juzgar o identificar a un hombre por una pequeña parte de su obra, con mayor motivo no debería hacerse con el Marqués, que pensó en sus Serranillas como obras menores, y que dejó su verdadero legado literario en los poemas morales, políticos y religiosos.
Santillana no fue precisamente un modelo de santidad, pero sí un gran hombre de su tiempo, que, por cierto, tampoco fue un tiempo fácil y cómodo. En él supo desenvolverse como caballero y como hombre, y se mostró defensor del honor, de la Fe, y enemigo de las injusticias. Fue un hombre piadoso, temeroso de Dios, que sabía que poco valía su vida si carecía de fe.
Su amor y devoción a la Madre de Dios fueron ya conocidos por sus contemporáneos, y se hace patente en sus escritos con las Coplas a Nuestra Señora de Guadalupe, escritas al regresar de una campaña contra los moros, y con los trece inmortales Goços de Nuestra Señora, que escribió hacia el final de su vida.
Hay una hermosa anécdota acerca de la devoción mariana del Marqués, que recoge Rafael Lapesa :
Según Pero Díaz de Toledo, el gran señor, en su lecho de muerte le descubrió que la leyenda «Dios e Vos», largos años llevada en sus banderas, se refería a la Virgen...