RetrocesoA&ONº 140/21-XI-1998SumarioUsted tiene la palabraContinuar

Cine: El show de Truman
La claustrofobia de la mentira
Imagínense por un momento que esa conversación ridícula que mantenemos por la mañana con el espejo del baño, blandiendo el cepillo de dientes y con gesto enérgico, la estuvieran viendo millones de personas a través de sus televisores. ¿Aterrador? ¡Bienvenidos a El show de Truman!



Fotograma de la película El show de Truman

Truman Burbank (Jim Carrey) es un hombre joven y cordial, de sonrisa impecable. Por las mañanas nunca pierde la oportunidad de saludar a sus siempre dispuestos vecinos: ¡Buenos días... y, por si no nos vemos luego, buenas tardes y buenas noches! Está casado con una mujer maravillosa y las cosas no le pueden ir mejor en el trabajo. Todo es increíblemente correcto. Truman nunca puede sospechar que la historia que sucede a su alrededor, su propia historia, es tan falsa y artificial como la inmensa luna virtual que pende del cielo de papel cuché de su propia ciudad: Seahaven. Truman no es más que un personaje de la teleserie más conocida en el mundo entero, The Truman show, en la que es el protagonista estelar.

Sin él saberlo, desde hace 30 años, más de 5.000 cámaras le estudian noche y día para saciar el morbo de millones de telespectadores, que contemplan con fascinación cada uno de sus movimientos. El creador de esta inquietante producción es Christof (Ed Harris), que, más allá del típico director sediento de éxito, es la pura expresión de una maldad gélida y de una irrefrenable habilidad manipuladora, capaz de haber convencido a todo el planeta de un proyecto tan aberrante. Un día, Truman comprueba que algo va mal; es entonces cuando sus sospechas empiezan a tener fundamento, lo que se le viene encima no es más que una pesadilla mayor...

Peter Weir es el director de esta imprescindible película. Todavía me sigo preguntando cómo es posible que existan magos como Peter Weir, que siempre te hace una película comercial, por definición de fácil acceso al gran público, al tiempo que propone historias auténticas y conmovedoras (olvidando los juegos malabares y las languideces un poco empalagosas de Kiesliovski). Maestro donde los haya (Matrimonio de conveniencia; Único testigo; La costa de los mosquitos; El club de los poetas muertos), Peter Weir nos muestra en su último trabajo una originalidad fuera de lo común, y un clamoroso alegato en favor de la búsqueda irrenunciable de la verdad de todo ser humano.

Según san Agustín, todos los hombres tenemos algo en común: no nos gusta que nos mientan. La película es un comentario visual de las palabras del obispo de Hipona. La vida de Truman será un desmentido a aquella sentencia del director de la serie: Aceptamos el mundo tal y como se nos propone. Nuestro protagonista hará lo imposible por saber qué está pasando a su alrededor, aunque tenga que luchar contra sus propias fobias. Es la victoria de la realidad sobre la apariencia, del hombre sobre las falsas propuestas, de la verdad sobre la claustrofobia de la mentira.

Nadie puede ver esta película sin que las palomitas se le atraganten, porque a Truman se le ha manipulado desde su nacimiento, cuando fue adoptado legalmente por una corporación empresarial para disfrute de la audiencia televisiva. Nadie lamenta la inmoralidad de tal acción porque todos están enganchados al infernal narcótico que desprende el programa. En este punto, Weir nos cita a cada uno de nosotros cuando nos recuerda que una audiencia tiránica siempre pide más... así es como nos podemos volver tan perversos como el mismo Christof.

Jim Carrey no acaba de convencernos. Sigue siendo el hombre de las mil caras de sus trabajos anteriores, un charlatán de gestos y sonrisas de anuncio. Sin embargo, el secundario de oro, Ed Harris (¡vaya papel y cómo lo borda!) tiene el rostro más indescifrable y turbador del último cine americano, sólo comparable al Anthony Hopkins de El silencio de los corderos. Ed Harris es de esos actores americanos infravalorados, un segundón que siempre aparece en los rincones de los títulos de crédito. Sin embargo, su interpretación en El show de Truman bien puede merecerle una nominación al Oscar.

Javier Alonso Sandoica