RetrocesoA&ONº 140/21-XI-1998SumarioUsted tiene la palabraContinuar

PUNTO DE VISTA
Los S.S.

Fíjese bien, lector amigo, que he puesto el artículo masculino plural, no el artículo femenino, que le hubiera traido a usted infaustos recuerdos. Podría haberlo expresado sin abreviaturas, titulando: Los santos seglares. Sobre ellos le pido un minuto de atención.

Son muchos. A todos, de modo general, los recordamos el día de Todos los santos; pero creo que los santos seglares se merecen una atención especial en nuestros días, por el protagonismo legítimo que los fieles laicos están adquiriendo dentro de la Iglesia, por su importancia numérica y por la calidad de sus virtudes.

Además, estos santos carecen de procuradores que promuevan su causa. Los fundadores de Congregaciones religiosas o miembros de los diversos grupos eclesiales con personalidad jurídica propia tienen quienes promuevan su causa de beatificación ante los tribunales eclesiásticos.

Los seglares santos no cuentan con estas ayudas extra aquí abajo, y pasan a engrosar el número de cristianos anónimos, vivos en el recuerdo de sus familiares y amigos; pero sin especial influencia visible en el colectivo creyente.

Sin embargo, Dios los ha coronado de gloria en el cielo, y en la tierra nos vendría muy bien su ejemplo en estos momentos actuales, en los que necesitamos su testimonio brillante en los cometidos tan variados donde se desenvuelve la actividad de los cristianos en la compleja vida social presente. Santos seglares en el trabajo agrícola, en la Universidad, en el hogar, en la vida obrera, en los medios de comunicación social, en la literatura, en la medicina y en todas las ramas del quehacer humano.

Sería muy fácil que cada diócesis eligiera a unos pocos seglares que en este siglo han destacado por sus virtudes cristianas heróicas, y que luego, previa elaboración y selección, se nos presentara en un hermoso libro que tuviera por título éste: Seglares santos, ya sin abreviaturas, marcando a todo el pueblo de Dios el camino a seguir, que ya lo han recorrido estos hermanos nuestros que nos han precedido en la fe. El libro haría mucho bien a cada diócesis, y a toda la Iglesia en España.

José Antonio Marcellán

Adviento: humildad y fertilidad

El Adviento nos lleva de la mano hasta la Navidad. San Lucas nos dice que sólo se anuncia el nacimiento de Jesús a los humildes de corazón; en Adviento deberíamos profundizar en nuestra humildad si queremos celebrar la Navidad.

La palabra humildad viene de humus, tierra. Ser humilde significa aceptar la parte terrenal que todos tenemos; significa descender, buscar y encontrar todo lo que somos, aceptándonos tal y como somos. Desde luego que resulta muy desagradable y duro remover la basura que tenemos escondida en lo más hondo de nuestro corazón.

Al igual que la tierra abonada se hace fértil, así cuando nuestro corazón se hace humilde es capaz de amar en abundancia. Si el estiércol se deja escondido en una bolsa, produce un olor nauseabundo. Sólo cuando se saca a la luz y se mezcla con la tierra, desaparece al poco tiempo junto con su mal olor, quedando la tierra enriquecida y preparada para dar fruto.

Sólo si sacamos a la luz de nuestra conciencia todo lo escondido de nuestro corazón y nos aceptamos tal y como somos, dejaremos de padecer los malos sentimientos que producen nuestras miserias, porque éstas desaparecerán. Nunca llegaré a ser caritativo si no soy capaz de reconocer toda la tacañería que se esconde en mi corazón, y nunca seré comprensivo si no admito mi dureza interior. Porque la humildad no consiste en ir encorvados por la calle, ni en menospreciarnos, sino en reconocernos tal cual somos: terrenales, con nuestras virtudes y nuestros defectos.

Gracias a Dios, todos somos humanos y, por tanto, imperfectos. Eso nadie lo cambiará: es imposible alcanzar la perfección, pero sí podemos trabajar para que seamos más felices nosotros y los que nos rodean. Aprovechemos el Adviento para dar un buen repaso a nuestro interior. Hagámonos humildes y tendremos la gran felicidad de vivir plenamente la Navidad.

Julián de Cos