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¿En qué creen
los universitarios?
La encíclica «Fides et ratio» y el Congreso de profesores y alumnos universitarios sobre Jesucristo,
que hoy se está celebrando en el Aula «Ramón y Cajal» de la Facultad de Medicina
de la Complutense, en el marco de la Misión extraordinaria en la Universidad de Madrid,
nos ofrece la ocasión de abordar ese drama de nuestro tiempo que es la separación
entre la fe y la vida, entre la cultura y la fe. Un reto que es preciso abordar sin demora
Los universitarios españoles no son ajenos a las principales motivaciones vitales, ideales y creencias de la mayoría de los jóvenes, quienes, de vuelta de ideologías políticas demagógicas, se refugian en la evasión o en la busqueda del éxito, cuando no en la superstición, en la fantasía, o en el más radical nihilismo; pero que también, desde el hastío de estas respuestas vacías, miran y acogen sin prejuicios el testimonio de fe, hecha vida y cultura, de quienes, sin complejos, expresan su pertenencia a Cristo y a su Iglesia. Si las páginas de Internet de la Universidad Autónoma pueden ser una buena muestra de lo que interesa a sus alumnos, es como para preocuparse. No aparece en esas páginas ni una sola palabra de fe; y ni siquiera, entre la lista de servicios de la Universidad, de información sobre las capellanías, sobre los grupos de universitarios católicos, o sobre la pastoral y la misión universitarias. ¿Es que en lo que creen nuestros intelectuales de mañana es en esas sandeces fantásticas? Serán una minoría, pero, por lo visto, una minoría privilegiada en la proyección cultural de nuestras Universidades, en las que parece que lo que se promueve es pura contracultura light. |
| EVASIÓN Y ÉXITO
No es de extrañar. Decían los estudios sociológicos de finales de los años 80 que, en nuestra juventud universitaria, primaban dos cosmovisiones culturales: la cultura de la evasión y la cultura del éxito. Los primeros viven -y a regañadientes estudian- con el único propósito de pasarlo mejor que nadie. Su lema sería el mismo que el del Club de los poetas muertos, el carpe diem, pero, a diferencia de los estudiantes de esta película, sin mayores pretensiones que las de la diversión más superficial. Otros serían los de la cultura del éxito, los niños bien, cuyo único propósito -y por eso algo se superan en los estudios- es seguir viviendo mejor que nadie. Pasarlo mejor, o vivir mejor, es el único horizonte de futuro. De estos dos grandes grupos surgen otros con características propias: los jóvenes conformados, los segregacionistas y los cooperadores. Los primeros son tan pragmáticos como los anteriores, sólo que no renuncian a la estabilidad de un reconocimiento formal de las tradiciones heredadas, incluidas las religiosas. Los segregacionistas serían claramente antisolidarios y violentos, como actitud supuestamente de coherencia social: aquí cada uno va sólo a su rollo, y ellos se atreven a defenderlo a las claras. Los cooperadores son la minoría asociada a ONG's, o vinculada a grupos de Iglesia, y entre ellos los hay también que no terminan de renunciar del todo a la mentalidad de las dos culturas de la evasión o del éxito. Las previsiones sobre los que ayer eran universitarios, y hoy son jóvenes profesionales, no son muy halagüeñas. ¿Han cambiado mucho las cosas en estos diez años? La religiosidad débil y ambiental, de supermercado, acomodada y no fundante, que en la catalogación anterior es aplicable principalmente a los conformados -pero también a gran parte de los buscadores de evasión y de éxito-, parece ir cediendo enteros ante un grupo tímidamente creciente, pero cada vez más presente e influyente, de jóvenes católicos practicantes. Es verdad que, según los últimos estudios del Instituto de la Juventud, aun habiendo un 73% de jóvenes católicos, sólo un 19% se dicen practicantes, y las cifras se pisan unas a otras cuando sigue habiendo, por ejemplo, un 64-69% que defiende la despenalización del aborto y de la eutanasia, respectivamente. La categoría de los agnósticos y los indiferentes, con un 11%, va cediendo paso a la de los declaradamente ateos, que los han alcanzado con un 12%. DOS ESTILOS DE VIDA Esta tendencia a la clarificación de actitudes y creencias parece dar la razón a las conclusiones del V Informe FOESA, para el que la creciente influencia de la actual juventud católica practicante es uno de los determinantes del resurgir de lo católico en la sociedad española de los años 90: En la España de hoy se pueden diferenciar dos juventudes: la de los católicos practicantes y la de los jóvenes ateos. Son muy distintas y se diferencian muy bien por su actitud ante determinados comportamientos -drogas, abuso de alcohol, aborto, adulterio, etc...- Parece tratarse de dos órdenes de valores, dos estilos de vida, dos formas de estar en la sociedad, y es el factor religioso el criterio diferenciador. Entre ambos tipos de jóvenes hay una gran masa juvenil intermedia, nominalmente creyente, pero prácticamente dubitativa. Además, si los estragos de la secularización en esta generación siguen siendo indiscutibles, parece que disminuye el prejuicio y el rechazo ante lo religioso. Según el CIS, sólo un 10% de los jóvenes universitarios dice que le importa mucho la religión, mientras ganar dinero es lo que más importa al 46%; pero, al mismo tiempo, piensan que la España en la que viven, y con la que no se sienten nada a disgusto, es tan religiosa (38%) como desarrollada económicamente (32%). Es más, los analistas del estudio dicen que, en la actual generación joven, se encuentra el mayor número de hijos e hijas que hayan interiorizado las creencias transmitidas por los padres. Se trata de la generación más integrada que existe desde hace 30 años. A esto hay que añadir dos datos más: que el asociacionismo eclesial quintuplica el sindical y el político, y que parece claro que el descenso vertiginoso de la practica religiosa juvenil de los 80 ha sufrido una fuerte desaceleración en los 90. ¿Qué aporta esta nueva situación? Sin duda, nuevos retos para la Iglesia, tanto para la pastoral juvenil como para el diálogo fe-cultura en los ambientes universitarios. Si en los años 70 los retos en la cercanía de la Iglesia a los jóvenes estaba en una gran demanda de compromiso social, pero sin mucha experiencia de fe, en los 90 la demanda de los jóvenes a la Iglesia es más sincera y sin tapujos: quieren experiencia integral de fe, con búsqueda de oración y de formación incluidas. Por eso, aunque ya no haya, como en los años 70, aquellos puntos de encuentro en cuanto a valores y reivindicaciones sociales y políticas entonces en auge, los jóvenes cada vez más expresan sin miedo la sed de sentido vital, y se muestran abiertos a propuestas globales de vida. Lo que esperan de los creyentes muchos de estos jóvenes, que aun siendo universitarios no han tenido la oportunidad de conocer la siempre nueva cultura cristiana, es fundamentalmente el convencido testimonio de vida de sus compañeros y maestros, para los que su fe es la clave de su contagiosa alegría, generosidad, y felicidad. Los universitarios católicos, que en Madrid están comprometidos en una única Misión universitaria, saben que el maltrecho diálogo fe-cultura tiene un punto de arranque fundamentalmente vital. El cardenal Rouco se lo decía así de claro en su carta pastoral sobre El anuncio de Jesucristo en la Universidad: Acercaos a vuestros hermanos, vivid junto a ellos sus preocupaciones, gozos y esperanzas. Servidles con la entrega de lo que sois y tenéis, y ofrecedles la misma invitación que Cristo os ha dirigido a vosotros: «Seguidme». Manuel María Bru |